Yo Fui el Camello de Keith Richards (Contra Ediciones, 2013)

Yo Fui el Camello de Keith Richards

Y es que la premisa de estas ¿memorias? hacían presagiar una nueva vuelta de tuerca al mito canallesco, a todas luces indestructible, que rodea a sus —satánicas majestades—, nuevamente de actualidad con la reciente noticia de que serán uno de los cabezas de cartel del próximo Festival de Glastonbury. Y es que los Rolling Stones a estas alturas, parecen estar más allá de cualquier debate, más allá del bien y el mal…

Sobre el papel, esta obra no dejaría de ser otro aporte más a una de las bandas que más ríos de tinta ha generado en la historia de la música moderna sino fuera por el nivel de intimidad del que gozó su autor, Tony Sánchez, dentro de la banda desde mediados de los 60 hasta el final de la siguiente década, los 70. El título del libro no miente: el Spanish Tony, como le llamaban, fue el responsable de suministrarles la droga a los Stones,  particularmente a Richards, del que sería su asistente personal durante ocho años. Pero camello es una atribución que se le queda corta al sr. Sánchez. El autor de este libro era el —chico para todo—, literalmente. Testimonio directo de quién siempre estaba allí.

El misterioso responsable de este relato -al que algunos dan por muerto desde el año 2000-, no es un escritor particularmente brillante o audaz. Pero sin embargo, su ritmo atropellado -en un párrafo nos habla de lo enemistados que están Keith Richards y Mick Jagger y dos líneas más tarde nos asegura lo unidos que el dúo compositor se encuentra- y algo confuso sí sirve, quizás involuntariamente, para reflejar fielmente esos años de la carrera y vidas de los miembros de los Stones. En una sola palabra: caos.

Pero Yo Fui el Camello de Keith Richards no habla del caos al que los mitómanos hemos dado pábulo y estamos acostumbrados, ese que habla del —sexo, drogas y rock’n’roll— equiparándolo a una vida heroica, por encima del resto de nosotros, pobres y simples mortales. No, el libro habla de un caos que transmite terror y, personalmente, repulsión por sus creadores. Creo que, de forma involuntaria nuevamente, Sánchez desplaza estas memorias del foco musical, que queda en un claro segundo o tercer plano, para ocuparse de las -pocas- aventuras, -incontables- situaciones límite y -numerosas y flagrantes- atrocidades.

Y es que los protagonistas de este libro se comportan de forma ruin y miserable. Keith Richards y su mujer, Anita Pallenberg, son auténticos yonkis, desesperados y capaces de cualquier cosa -cualquier cosa- para lograr el siguiente chute. Mick Jagger, además de las drogas, tiene una adicción aún peor: él mismo. Su megalomanía galopa desbocada en buena parte de estas páginas, alcanzando cotas brutales en el escalofriante capítulo dedicado al infame festival de Altamont. El malogrado Brian Jones cae sin red y sin amigos al precipicio. Marianne Faithfull roza ese mismo final… Es un desfile de monstruos, uno del que el propio escritor forma parte. Si esperaban glamour, busquen en otro lado.

No sé cómo me habría sentado leer este libro si fuera un fan de los Stones, pero es fácil entender el porqué esta obra fue tan polémica desde su primera publicación en 1979 -un aplauso a Contra Ediciones por su rescate, más vale muy tarde que nunca- o que Richards las calificara como absoluta sarta de mentiras. Aunque solo un 20% de estas singulares memorias fueran ciertas ya deberían ser tenidas en cuenta como un testamento, nada halagüeño, de la locura que quería decir ser parte del círculo de los ¿elegidos?: ser un Rolling Stone o su entorno. Y también deberían hacernos reflexionar sobre nuestras motivaciones al elegir y entronizar a nuestros ídolos.