El personaje de Wonder Woman se presentaba en sociedad en la plomiza Batman v. Superman (2016) en la que se convertía con facilidad en lo mejor de la función: Zack Snyder convertía las secuencias de la amazona en una extensión de su propia 300 (2006). Luego, la primera aventura en solitario de la superheroína se proponía como el simpático equivalente en DC a Capitán América: El primer Vengador (2011), una aventura retro, ambientada aquí en la Primera Guerra Mundial. La secuela que nos ocupa parece ser otra réplica a una película Marvel, la reciente Capitana Marvel (2019), que presentaba a su heroína en los años 90, mientras aquí reaparece Diana Prince, en 1984. Teniendo en cuenta, además, la similitudes del personaje, extraído de la mitología griega, con Thor ¿Qué salva a Wonder Woman del pastiche? La respuesta es Gal Gadot, una actriz de físico deslumbrante, de una elegancia y dinamismo tremendos, a la que siempre asociaremos con la creación de William Moulton Marston.

Lamentablemente, esta Wonder Woman 1984 es un film pesado y falto de chispa, debido a una cantidad excesiva de tramas que se estorban mutuamente. Individualmente, el enfrentamiento con Cheetah/Barbara Minerva -estupenda Kristen Wiig- podría haber resultado interesante, enmarcado en unos años ochenta vistos por la directora Patty Jenkins como una época materialista, superficial y machista. Pero enseguida aparece otro villano, Maxwell Lord -un divertido Pedro Pascal- que protagoniza una trama alegórica sobre, precisamente, el materialismo, la cultura del éxito, a través de una idea muy bonita sobre un objeto mágico que concede deseos. Por si fuera poco, tenemos que lidiar con una subtrama romántica, que -ojo spoiler– recupera al personaje de Steve Trevor (Chris Pine), que aporta humor -pero se queda corto- cuando ya hemos perdido el interés ante tantos frentes abiertos. A pesar de todo esto, la película es un buen entretenimiento familiar gracias a una estética chula, estupendas secuencias de acción, una utilización muy bonita y naive de los poderes de Diana, y la adrenalítica música de Hans Zimmer -aunque, siendo esto 1984, echo de menos algún tema de pop hortera para darle vidilla al conjunto-. Una pena que el resultado no sea más pulido, porque el intento de recuperar la esencia de las películas de Superman protagonizadas por Christopher Reeve, se había ganado mi simpatía.