8.1
Score

Final Verdict

Wolf Alice pasan de repetir la fórmula que les llevó al éxito con su anterior trabajo, y entregan un tercer álbum mucho más tranquilo y ecléctico, que funciona a la perfección. Su mejor disco hasta la fecha.

La presión que puede surgir al haber ganado un premio como el Mercury Prize con un segundo disco, puede bloquear a cualquier banda, pero no es algo que le haya pasado a Wolf Alice. Todo lo contrario, el grupo de Londres ha salido reforzado. Y la prueba es su tercer trabajo, del que ya se podría decir que es el mejor de su carrera. Y por lo que se ve, su mayor éxito comercial, porque tiene todas las papeletas para ocupar el primer puesto en las listas británicas la semana que viene. 

Wolf Alice no se han ido a lo fácil en su tercer trabajo y no han querido repetir la fórmula de su aclamado disco anterior. Todo esa rabia guitarrera y más punk, apenas está contenida en tres temas. El resto del disco tira hacia otros caminos diferentes. Y ese es quizá su gran acierto. Ya que, aunque cortes como “Smile” o “Play The Greatest Hits”, tienen la fuerza de su lado más sucio, es en las otras propuestas del resto del álbum donde se superan y se convierten en un grupo con un sonido a reivindicar. 

Blue Weekend’ da muestras de ese cambio nada más empezar. “The Beach”, “Delicious Things” y “Lipstick on the Glass”, los tres cortes que abren el álbum, nos presentan a Wolf Alice tirando de calma y serenidad. Algo que solo se ve afectado por unos arrebatos de épica, ya sea en forma de coro, de teclado, o guitarra, que elevan la canción hasta el máximo nivel. Y es que, todas esas capas casan de maravilla con la voz de Ellie Rowsell, la cual siempre está en un primer plano. Pero hay más ejemplos, y mejores, de hasta dónde son capaces de llevar su sonido. Ahí está “Feeling Myself”, en la que fusionan unas guitarras que son puro shoegaze, con un órgano de lo más groovy. O esa preciosa “The Last Man On Earth“, que, tras más de dos minutos de calma, estalla en un estribillo y brillante. El cual, por cierto, aderezan con una guitarra de lo más glam -se nota la influencia de Bowie-.

No se han cortado un pelo a la hora de llevar su música hacia terrenos que nadie esperaba. La prueba es un tema como “Sade From Heartbreak (if you never fall in love)”, en la que se van a un folk setentero que les sienta de maravilla. O “How Can I Make It Ok?”, donde demuestran que, dando protagonismo a los teclados, y tirando hacia mundos más ochenteros, pueden conseguir una de las mejores canciones de su carrera. Incluso en ese cierre con “The Beach II”, que entra dentro de su mundo más guitarrero, podemos ver a una banda completamente nueva.