Hace unas semanas hice un viaje de ocio a Nueva York y a Washington. Quería ver algún concierto interesante, pero parecía que pintaban bastos en Nueva York (Smashing Pumpkins, Liz Phair o ¡Belinda Carlisle! no son santos de mi devoción). Mirando en una app lo que se cocía aquellos días en Washington, me topé con un tal Willie Nile. Nunca había escuchado nada de él, o no tenía conciencia de haberlo hecho (no es la única laguna musical que tengo), así que me puse a escuchar sus discos: ¡Qué bueno es el tío!

Willie Nile llegó a Nueva York a principios de los 70 e intentó una carrera como cantante folk en Greenwich Village cuando ya estaban todos de retirada. Pasaron casi diez años hasta que logró grabar su primer álbum que, aunque contenía canciones excelentes, no tuvo el éxito que merecía. Quizá la floja producción y que las melodías se parecieran a sus contemporáneos del CBGB hicieron que no triunfara (las canciones son muy buenas, pero recuerdan demasiado a Patti Smith, a la Velvet, e incluso a Dylan, o –no entiendo por qué– a los Dire Straits). Poco después publicó un segundo álbum que pasó sin pena ni gloria y, por disputas económicas con la compañía y porque quería tener una familia, decidió volver a Buffalo.

Tuvieron que pasar muchos años hasta que publicara un nuevo trabajo. Y fue en 2006, ¡ya rebasada de largo la cincuentena!, cuando dio el pelotazo con el excelente The Streets Of New York (hay algo en esta ciudad que inspira a los músicos, y para comprobarlo sólo tenemos que pensar en cuántas canciones maravillosas llevan el nombre de la ciudad en su título o recordar el que, para mí, es el mejor trabajo de Lou Reed: su álbum de 1989 “New York”). Willie Nile ya suena a él mismo, aunque el estilo sea muy clásico. Hay rock and roll y americana (una clara cercanía con Springsteen), y otras influencias más ásperas que ya estaban ahí hace años, pero que desde este disco resultan propias.

Después de Streets Of New York ha publicado regularmente hasta un total de seis discos más, incluyendo World War Willie, que acaba de salir a la venta y que incluye una de las versiones que suele tocar en todos sus conciertos: el Sweet Jane de la Velvet. Todos sus discos son buenos o muy buenos, y en todos podemos encontrar alguna canción de las que se recuerdan siempre. Por algo lo respetan Bruce Springsteen o Pete Townshend, que lo invitó a abrir con su banda en la gira de The Who de 1980 (llevaba de guitarra a Fred Smith, de Television).

El concierto que vimos hace un par de semanas en Washington, en un lleno Hamilton Live, fue una verdadera delicia. Nile estuvo dos horas largas encima del escenario, tocando temas de su nuevo álbum, clásicos de su repertorio como That´s The Reason, Streets Of New York, Cell Phones Ringing (recordó al público que la escribió como homenaje a las víctimas del atentado del 11M en Madrid), Love Is A Train, o House Of A Thousand Guitars, y terminó con tres versiones: Sweet Jane, Heroes (el inevitable homenaje a Bowie) y A Hard Day´s Night. Durante el concierto contó historias al público, habló de lo importante que es la familia para él, se acordó de las víctimas del terrorismo y se preguntó por qué no conseguíamos respetarnos los unos a los otros y vivir en paz. Escuchándole, pensé que, por muy buenas canciones que hiciera, no se puede triunfar en el mundo del espectáculo si se es demasiado buena persona. Y Willie Nile lo es.

Al finalizar el concierto me comentó que en septiembre vendría a España a presentar su nuevo trabajo y que tenía muchas ganas de volver porque aquí siempre se sentía como en casa. Habrá que poner una alarma en el calendario del móvil para no perderse unas actuaciones que, seguro, nos harán pasar unas noches fantásticas.

Fotos: Adolfo Añino