Lo mejor de Who Is America? es cómo gravita entre su ambicioso título, que implica fotografiar a un país en un momento determinado, y la chorrada más infantil. Híbrido entre el sketch de humor y el documental, esta serie emitida en Movistar Plus extiende la forma de entender la comedia -ya expresada en sus películas- de su autor, el británico Sacha Baron Cohen. El cómico regresa a este humor espontáneo, de cámara oculta, cultivado en Borat (2006) y Brüno (2009), tras su incursión en la ficción pura en El dictador (2102) y Agente contrainteligente (2016). Baron Cohen crea varios personajes paródicos, de maquillaje ‘chanante’, para enfrentarlos a sus víctimas, buscando la risa, sin duda, pero también la crítica sobre varios asuntos políticos de máxima actualidad. El humor es provocador porque toca temas complejos; negro, porque se ríe de situaciones trágicas; pero al mismo tiempo tiene un punto inocente, naive, por la exageración a la que se llevan las situaciones planteadas. Admito que Baron Cohen me gusta más cuando sus bromas no hacen sangre con las víctimas de sus encerronas, aunque seguramente tienen más fuerza cuanto más incómodo resulta el planteamiento. Lo mejor, las inesperadas reacciones de las víctimas que, en ocasiones, dejan al descubierto lo que pretende la serie, retratar la identidad de Estados Unidos.

Baron Cohen nos presenta a varios personajes. Empecemos por Billy Wayne Ruddick Jr. un conspiranoico de extrema derecha. Destaco, curiosamente, las bromas que le salen ‘rana’: sus entrevistas a Bernie Sanders o Ted Koppel, demócratas identificables con ideas de izquierda, que salen bien parados y miran a su interlocutor con una mezcla de gracia y piedad: intentan sacarle de su «error». En el resto de sketches, Billy Wayne propone teorías descabelladas sobre la cadena pública PBS, el cambio climático, el SIDA, los transgénicos o que Hillary Clinton es en realidad un hombre.

Luego está el doctor Nira Cain-N’Degeocello, un activista de izquierdas, que busca el enfrentamiento con las mentalidades más cerradas. Sin embargo, cuando comparte cena con dos privilegiados republicanos, votantes de Trump, estos aceptan sus ideas hippies con inesperada tolerancia. El doctor Nira es peor recibido en Arizona, donde propone reactivar la economía construyendo una mezquita, lo que hace aflorar el racismo de los vecinos, auténticos paletos al descubierto. Mi momento favorito, cuando Nira se enfrenta en una ‘pelea de gallos’ a raperos afroamericanos, pero utilizando un lenguaje académico. Al principio los raperos le reciben con sorna, pero luego, con uno de sus ‘versos’ consigue conquistarles. Esas reacciones espontáneas son lo mejor de Who is America? El personaje funciona peor, en cambio, cuando pone a prueba los ‘límites del humor’ -¿existen?-. En un sketch, Nira propone reinventar el término pedófilo y convencer a un republicano de que puede significar ‘amar a los niños’. Apuntemos, además, que este personaje protagoniza el momento más grotesco de la serie cuando decide experimentar un embarazo masculino con su correspondiente parto. Incómodo en todos los sentidos.
Luego está el exconvicto británico Rick Sherman, pintor carcelario que utiliza heces como materia prima. Sus sketches redefinen el humor escatológico. Pueden no gustar, pero hay que alabar a Baron Cohen su voluntad de ir siempre más allá de los límites del buen gusto. Sherman se entrevista con una experta en arte californiana, que, lejos de asquearse, entra en el juego y hasta dona vello público para el pincel del expresidiario. Sherman tiene un punto entrañable: resulta tierno cuando presenta su música electrónica al DJ Jake Inphamous. Eso a pesar de samplear escalofriantes gritos del interior de la prisión -de violaciones y puñaladas- y de pedir felaciones a todas las chicas que se le cruzan.

Sigo con Erran Morad, experto anti-terrorista israelí, que sirve para dejar en evidencia a los defensores de las armas estadounidenses. Propone ideas absolutamente locas -armar a los niños a partir de 3 años- que los defensores de la segunda enmienda aceptan sin rechistar. Lo que da mucho miedo. El momento álgido de Morad es cuando consigue hablar con el ex vicepresidente Dick Cheney, algo más listo que otras víctimas de las bromas. Baron Cohen le hace hablar de las torturas en Guantánamo, que justifica sin ambages, aunque, prefiere no llamarlas «torturas». En momentos como este, la serie alcanza sus momentos más relevantes como crítica política. Luego están las chorradas, como simular un baile de quinceañeras para atraer a inmigrantes mexicanos ilegales; o los excesos, como cuando se lleva al huerto a otro defensor de las armas para que se meta en la boca el pene -de goma- de un terrorista.
Menos protagonismo tiene Gio Monaldo, fotógrafo de moda italiano, que ridiculiza a pseudofamosos de reality show como Corinne Olympos, a la que convence de hacer un montaje para fingir que ha estado en África para patrocinar un programa de adopción de niños soldado, dejando en evidencia la absoluta ignorancia de la celebrity. No dejéis pasar el sketch más atrevido de Gio, nada menos que con O.J. Simpson, en una escena post créditos al final del último programa. Mencionemos, para acabar, al testimonial OMGWhizzBoyOMG!, un youtuber finlandés que hace unboxing de pequeños muñecos cursis con un sheriff de Arizona que metió a inmigrantes ilegales en algo muy parecido a un campo de concentración. Este humor infantil, me interesa porque humaniza, aunque parezca imposible, a tan repudiable sujeto.