8.1
Score

Final Verdict

Wet Leg pueden estar tranquilas: su álbum de debut dinamita el hype que se ha creado alrededor de ellas, y nos muestra a una banda con un futuro brillante. Además de toda una colección de hits.

«On the chaise longue, on the chaise longue, on the chaise longue / All day long, on the chaise longue«. Si habéis estado un poco atentos a lo que ha pasado en el mundo de la música en los últimos meses, habréis escuchado este estribillo más de una vez. Y es que, de la noche a la mañana, Wet Leg se han convertido en una de las bandas más famosas del Reino Unido. El grupo, liderado por Rhian Teasdale y Hester Chambers publicó “Chaise Longue” el pasado junio, y desde entonces no han parado de captar la atención de crítica y público. Giras con entradas agotadas en medio mundo, singles con cifras más que decentes en las plataformas de streaming, y un contrato con un sello potente como Domino. Todo eso en menos de un año.

Muchas bandas hubieran sucumbido a la presión que todo eso conlleva, pero parece Wet Leg son algo así como Nadal, que se crecen con esa presión. Aunque también es cierto que, si nos fijamos en sus letras, directas, en ocasiones mordaces, y sin filtro alguno, no tiene mucha pinta de que les importe mucho lo que digan de ellas. Algo que, evidentemente, forma parte de su encanto y de todo ese hype que las rodea. En cualquier caso, lo importante es que su disco de debut aprueba con nota y no muestra síntoma alguno de que estemos ante una banda que ha tenido la suerte de sacar la canción oportuna en el momento más adecuado.

El primer trabajo de Wet Leg contiene todos los singles que han ido editando a lo largo de estos seis meses. Algo que, en un principio, podría jugar en su contra porque parte del efecto sorpresa del álbum se pierde, pero también es cierto que no las podían dejar fuera. Y es que, sería un poco locura que aquí no encontráramos temas como “Angelica”, “Wet Dream” y “Oh No”, que nos muestran la faceta más directa y potente de la banda de la Isla de Wight. Porque, si hay algo que se les da bien, es hacer temas de indie-rock llenos de guitarras cortantes y líneas de bajo que incitan a bailar. Que, básicamente, son los ingredientes que encontramos en la enorme “Chaise Longue”, la cual, evidentemente, también aparece por aquí.

Fuera de los singles principales no bajan el ritmo -la producción de Dan Carey es estupenda- y entregan algunos temas más que podrían funcionar perfectamente en ese puesto. Es el caso del indie-rock juguetón que nos encontramos en “Being In Love”, el tema que abre el álbum. O del sonido retro que nos dejan en “Convincing”, donde dan muestras de esa influencia confesada de The Ronettes. Pero también les funciona el asunto cuando bajan el ritmo y se van hacia un indie-rock algo perezoso -me vienen a la cabeza Pavement– en temas como “Piece of Shit” y “Supermarket”. Aunque hay que decir que la gran sorpresa del disco llega con “I Don’t Wanna Go Out”, en la que roban descaradamente el riff del “The Man Who Sold The World” de Bowie, y se hacen con una bonita canción de aires noventeros.