Sea ironía postmoderna, o sea por convicción, las recopilaciones de Too Slow to Disco nos han proporcionado hasta ahora unas cuantas horas de “placer culpable” a partir del buceo documentado y desprejuiciado en algunos de los estilos musicales más denostados por la crítica y por melómanos de supuesto buen gusto: yatch rock, AOR, pop ochentero de la costa oeste norteamericana… Estilos que además se mueven en la borrosa frontera entre las producciones elaboradas y los hilos musicales. Los discos recopilados hasta ahora le han dado la vuelta ya desde el propio título al afán rompepistas que suelen tener este tipo de colecciones, y se han dejado querer con el slogan “música que casi puedes bailar”. Podría verse como la música ideal para empezar o acabar sesiones, o como banda sonora a una puesta de sol con un coctel en la mano. Y la cosa ha funcionado, hasta el punto de convertirse en una marca fiable que ha dado hasta ahora cuatro recopilaciones, una de ellas centrada en la mirada femenina del asunto.

La responsabilidad caía hasta ahora en el alemán Marcus Liesenfeld, conocido como DJ Supermarkt, uno de esos coleccionistas empedernidos de discos que ha puesto sus descubrimientos más oscuros y queridos al servicio de una colección capaz de sorprender hasta al más listo de la clase. Al querer trasladar todo el concepto a Brasil (una idea de lo más lógica, si consideramos el vasto y desconocido mundo de AOR y funky ligero que Brasil produjo en los 70 y 80 y que ha sido dejado de lado por las numerosas recopilaciones centradas en otros aspectos más febriles de la música de ese país), Liesenfeld ha sido lo suficientemente inteligente como para ceder el bastón de mando a una alma gemela con similares cualidades rastreadoras, pero con denominación de origen.

Aquí es donde entra en juego Ed Motta, una estrella de la MPB y sobrino del legendario Tim Maia (paradójicamente, un habitual en multitud de esas recopilaciones más convencionales de música brasileña). Motta demuestra aquí que además es un profundo conocedor del “too slow to disco” generado en su país. Su selección genera el mismo tipo de ambiente de las anteriores entregas de la serie, sólo que cambiando el coctel por una caipiriña. Comprobamos así que la smooth music brasileña comparte muchos sonidos y ritmos con su equivalente californiano, pero incorpora a la vez las influencias del funk y el jazz tan presentes en la samba y la MPB, así como sus inconfundibles formas de sentir la armonía y el groove.

Un total de 19 cortes nos llevan por este particular lado sonoro por el lado más deliciosamente hortera y a la vez sofisticado. Hay que estar muy puesto para conocer lo que aquí se sirve, ya que Motta usa la ocasión para reivindicar joyas ocultas (algunas de las cuales aparecen aquí tras haber sido importadas digitalmente de colecciones personales), aunque haya también sitio para figuras como la ex-Mutantes Rita Lee (Atlántida), Cassiano (con la fantástica Rio Best-Seller) o Roupa Nova, conocidos como “los Toto brasileños”, aunque su festiva Clarear, aquí incluida, dé pocas pistas al respecto.