Nos queremos poco

¿Por qué no nos queremos más? ¿Por qué no nos valoramos? ¿Dónde está la rica diversidad musical de nuestro país? ¿Por qué premiamos lo que vende, lo que triunfa, lo más evidente, lo más comercial, lo más vistoso? ¿Por qué no atendemos a criterios de riesgo, de creaciones más experimentales, ésas que amplían lenguajes, géneros y aportan frescura y color?

El otro día salí de la ceremonia de entrega de los Premios MIN celebrados en el Teatro Nuevo Apolo con todas esas preguntas y con la sensación de que lo que sucede en nuestra música es un fiel reflejo de nuestra sociedad y de nuestra política, o eres de Gran Hermano o de Salvados, o eres del PP o eres del PSOE, pero en la versión: o eres de Xoel o eres de Vetusta. Bajo una apariencia de cierta diversidad todo se reduce a eso. A un bando o al otro. Con poco margen de más maniobra. Y no, no me representa. Pero no sólo a mí, a muchísima más gente.

Este tipo de actos son complicados porque pueden caer en el perogrullo, aunque no tengan un cariz institucional, pueden acabar en el  tópico de aburrido como le sucede a la gala de los Premios Goya, porque siempre miramos con despecho, desgana y poco valor lo que hacemos aquí. Tenemos un complejo de creernos poca cosa, y creo que ya va siendo hora de superarlo. En España hay un talento artístico increíble, y eso es un valor muy preciado.

La gente de El Mundo Today consiguió aportar a la gala dinamismo, frescura y provocó carcajadas. Dos horas y media de duración con actuaciones (de sólo una canción) de: De La Purissima (muy interesante su propuesta), Electric Nana (¡qué vozarrón!), Zahara (exhibiendo su riqueza vocal), Les Sueques (frescura punk), Soleá Morente (clase y fusión de géneros), Belako (energía y juventud). Una gala dedicada a las mujeres que trabajan en el mundo de la música: muchas, y muy competentes, conozco a muchas. Inma Gras, presidenta de la UFI, mencionó todo lo que queda aún por hacer para igualar los derechos de las mujeres a los de los hombres en el sector: el bajo porcentaje de las artistas mujeres nominadas en las diferentes categorías, la brecha salarial entre los hombres y mujeres que trabajan en el sector u otras discriminaciones. Por ello todos los grupos que actuaron tenían mujeres como voces cantantes o con un peso singular. Por ahí bien.

Igual que la brevedad de los discursos. Y las noticias ocurrentes y satíricas transmitidas por Xavi Puig y Nikki García, y especialmente la gracia de Kike García. Con algunos chascarrillos y guiños muy graciosos. Y todo eso a pesar de la sobriedad de la producción, un amigo llegó a decirme que era una producción de Todo a 100, pero eso no es lo importante. Que no haya presupuesto para ello no quita que se puedan hacer cosas muy dignas. Y el acto fue resultón. Pero el trasfondo es lo que no me convenció. Que las fórmulas o que los premios recaigan en lo evidente. Con todo el respeto del mundo por la profesionalidad de las bandas premiadas que acaparan el protagonismo, por sus equipos técnicos, por su propuesta y por sus fans.

Me alegró especialmente que se premiara a artistas como Guadalupe Plata (mejor álbum rock) regeneradores del rock y del blues, un ejemplo de autenticidad y evolución (estupendo y surrealista el vídeo de agradecimiento de Pedro de Dios), a Aurora & The Betrayers (mejor artista emergente) una propuesta de una calidad incuestionable de un género tan denostado por nuestros lares como es la música negra, que cuenta con una escena exquisita. O Hidrogenesse en la categoría de música electrónica. Es pura justicia premiar a históricos como Hamlet (mejor álbum de metal), o a Jabier Muguruza (mejor disco en euskera), un artista único. O el merecido premio de honor a Vainica Doble, que reinventaron el pop en su época, y totalmente a su aire. Una de las sorpresas que tuve anoche fue conocer tras la ceremonia a la artista Sandra Bernardo que con solo un EP de tres canciones tiene tirón y cuenta ya con muchos seguidores, y promete mucho, en esa bonita fusión de bossa con otros géneros.

Son bien respetables los premios para Izal (mejor canción), Xoel López (mejor producción, mejor álbum de pop), Vetusta Morla (mejor videoclip, mejor directo y mejor artista), o a El Langui, ya un clásico del hip hop, pero en su defecto se ningunea a otros artistas de gran talla que regeneran el panorama y que abren puertas. Y me parece elogiable que miembros de Vetusta feliciten a otros candidatos nominados, porque me consta que son muy melómanos, o que en su discurso den su apoyo a la educación pública, y en concreto a la importancia de la educación musical.

De acuerdo que los premios, otorgados por la UFI (Unión Fonográfica Independiente), resultan de las votaciones particulares, un criterio participativo pero quizás muy previsible. No es poca la burocracia que tienen que hacer los sellos para presentar las candidaturas de sus bandas o artistas. La selección previa del jurado no ofrece la diversidad y la riqueza que la música de nuestro país respira en estos momentos ¿Dónde quedaron las candidaturas de Inspira, Xarim Aresté, Niño de Elche, Pablo Und Destruktion, Tulsa, La Bien Querida o Núria Graham? ¿Por qué no estaba nominada Anari, una de las mejores artistas vascas de las dos últimas décadas?

Asistía por primera vez a la ceremonia, invitado por Ruben Arribas, director de la revista El Duende de Madrid, no por la UFI. Y eso que soy miembro de la PAM (Periodistas Musicales Asociados), que por cierto el pasado enero premió ‘Voces del Extremo’ de Niño de Elche como mejor álbum nacional de 2015, un disco arriesgado y muy rompedor. Un punto negativo para la UFI que no invitó a muchísimos periodistas musicales de relieve. En fin, estos premios son más que necesarios, por ofrecer otro panorama al que ofrecen los Premios de la Música, porque la industria musical independiente mueve mucho capital humano y genera riqueza económica, pero sobre todo cultural. Por eso deberían representar más la diversidad musical de nuestro país. Hagamos autocrítica y crezcamos de una vez.