El pasado 18 de septiembre se cumplieron 50 años del fallecimiento del considerado «Dios de la guitarra» —o, al menos, un fijo indiscutible en ese trono del rock, no enfadarse fanboys de Page, Clapton y cía—. Y para conmemorar tamaña efeméride, Alianza ha publicado este otoño Vida y muerte de Jimi Hendrix: two riders were approaching, del reputado periodista musical británico Mick Wall. Una obra que se aproxima a la historia, contexto y enigma del malogrado genio de Seattle de forma singular, apropiadamente alucinógena y novelesca.

Considerado uno de los principales referentes del periodismo musical en Reino Unido, Mick Wall (1958) comenzó su carrera en 1977 escribiendo para la revista Sounds sobre la escena alternativa londinense. En los 80 se convirtió en una de las plumas estrella de Kerrang! para, posteriormente, fundar la revista Classic Rock en 1998, presentar diversos programas de televisión y radio, o participar en múltiples documentales musicales. Igualmente muy prolífico como escritor —más de veinticinco títulos—, destacan sus biografías musicales sobre Guns N’ Roses, Pearl Jam, The Doors o, publicados por Alianza, Prince. El reino púrpura, Lou Reed: su vida, o Led Zeppelin: cuando los gigantes caminaban sobre la tierra.

Pese a que Wall se basa en elementos tradicionales, entrevistas e investigación exhaustiva, Vida y muerte de Jimi Hendrix apenas se asemeja a la habitual biografía musical. Ello es consecuencia de una osada apuesta narrativa, no lineal, que salta tiempos, lugares y personajes, combinando estilos con inusitada libertad, lo que acerca la obra a una ficción fragmentada. Un puzle irresoluble, acorde con el devenir —y extraño deceso— de Hendrix. A veces, diría que a Mick Wall tanto riesgo se le va de las manos, con pasajes ciertamente impenetrables, que exigen conocimientos previos del lector. O, quizás el ejemplo más palmario, en las tres entrevistas mantenidas con Kathy Etchingham, Robert Wyatt y Eddie Kramer, inexplicablemente situadas dentro de la obra y, en realidad, no demasiado sustanciosas.  

Sin embargo, si tanta dispersión acerca a la biografía al caos, al mismo tiempo logra que Vida y muerte de Jimi Hendrix funcione como una visión borrosa, dilatada, caleidoscópica —reflejada impecablemente en la traducción al castellano de Ana Pérez Galván—, no sólo de su breve trayectoria, sino de sus diversos estados vitales, así como las épocas de las que participó. Algo especialmente coherente con la música y la forma de interpretarla, sobre todo en directo, del propio Hendrix. Expansiva, lisérgica, sensorial, libérrima… Psicodelia sónica y en los textos. 

El mítico instante de Hendrix prendiéndole fuego a su guitarra en el Festival de Monterrey en 1967.

De este modo, en Vida y muerte de Jimi Hendrix, Wall nos habla de su desoladora infancia. Del errático, nada prometedor, comienzo musical. De la extrema discordancia inicial entre su imparable eclosión en Reino Unido frente a su anonimato en América. Pero también aborda otros caminos, más confesionales, íntimos. Como el del «negrata» bluesero amigo de «blanquitos» protohipsters. El del transgresor prodigio junto al embaucador exhibicionista en el escenario. El del compositor obsesivo. El del adicto. El del depredador de féminas, irresistible «Eros de ébano». O el del genio apolítico, obligado a tomar partido en la era de las Panteras negras, asesinatos de Luther King y Bobby Kennedy—. Johnny. James. Jimmy. Jimi. Tantos Hendrix en uno…

Ahondando en esa postrera línea, mención especial merece la exploración de los salvajes 60 de Hendrix, mucho más oscuros que el tópico hippie. Mick Wall nos introduce en ellos a través de una caterva de personajes —secundarios o capitales en la historia—. Mike Jeffery y Chas Chandler, sus manágers —añádanse discográficas y mafias—. Noel Redding y Mitch Mitchell, miembros de su banda más celebrada. Pero también los Animals, Beatles, Stones, Eric Clapton, Bob Dylan, Miles Davis o Pete Townshend. Groupies, amantes y parejas por doquier. Los cafés de Greenwich Village, Monterrey, Suecia, Woodstock. Una inmersión con múltiples lugares, nombres y apellidos, en una década desbordante, idealista y paranoide. 

Con semejante mezcolanza de estructura, enfoque y puntos de vista, Vida y muerte de Jimi Hendrix no pretende resolver las contradicciones sobre su carrera. Ni mucho menos las sombras sobre su absurda e inconclusa muerte —lo más parecido a eso Mick Wall se lo cede a Etchingham en su mencionado encuentro, donde ella apunta a Monika Danneman, última pareja conocida de Hendrix, que se suicidó en 1996—. Si uno es versado en la materia, nos permite adentrarnos, de una manera original, temeraria para lo bueno y lo malo, en la enfebrecida neblina —púrpura, por supuesto— de una existencia y una leyenda sostenida por la magia y el misterio.