El cuarteto de Londres, que se conoció en un concierto de Comet Gain, podría entrar en toda la hornada lo-fi de estos últimos años –sí, la de Dum Dum Girls y Best Coast–, pero ellos tienen algo diferente. Aunque tiran del mismo rollo rockero de los cincuenta y sesenta, tienen un punto más oscuro, casi gótico, donde no hay rastro de playas soleadas ni de tablas de surf. Al final, no deja de ser una banda de su tierra con influencias americanas, con un envidiable talento para crear envenenadas píldoras de pop lo-fi y ruidoso.

A priori, la idea de meter todos los singles previos en el álbum es una decisión arriesgada. Podría hacer desconfiar de la capacidad del grupo para crear temas nuevos tan potentes, pero este no es el caso. Además, ¿alguien se imagina este trabajo sin Found Love In Graveyard, Bad Feeling, Beachy Head o Come On Over? Yo, desde luego, no. Y es que no es una colección de sencillos cualquiera, ya que son cuatro pelotazos en los que todo encaja a la perfección. Quizás, si el resto del disco no estuviera a la altura, la cosa sería diferente, pero con un triplete como Right Side Of My Brain, The Fountain y Misery, y con la preciosa Stephen para dar el punto más tranquilo al álbum, no hay lugar a dudas de que tomaron la decisión correcta. El trabajo homónimo de Veronica Falls es uno de esos discos en los que casi todos los temas pueden ser singles.

Habrá que ver cómo evoluciona su música y si logran no repetirse demasiado. De momento, ya se han quedado como los autores de uno de los mejores debuts de 2011.