Vergüenza, creada por Juan Cavestany y Álvaro Fernández Armero, se presentó en su primera temporada como una nueva vuelta de tuerca del posthumor cultivado por Ricky Gervais y Stephen Merchant en Theoffice (2001). Más que una carcajada gozosa, lo que busca esta serie es una risa nerviosa ante el planteamiento de situaciones incómodas. Como indica su propio título, de vergüenza ajena.

La segunda temporada expande el planteamiento inicial, sobre todo, para explorar lo que les pasa a otros personajes, además de indagar en otras vías de humor. Javier Gutiérrez vuelve a brillar como Jesús, el personaje más ‘de bofetón’ que haya sido creado nunca. La gran transgresión de Vergüenza es obligarnos a tener a este individuo de protagonista, a pasarlo mal con él. En esta segunda entrega, Jesús vuelve a hacer gala de su habilidad para quedar fatal, tirándose el pisto de una forma bochornosa. Ahora lleva sus vergüenzas a nuevos límites: que la trama que protagoniza este personaje sea lidiar con una disfunción eréctil es una nueva muestra de cómo hacer humor con lo patético. En algunos momentos de la serie -sobre todo durante las vacaciones en Mallorca- las situaciones que nos hace sufrir Jesús, son casi insoportables. Pero lo mejor de la nueva temporada es el protagonismo que gana Nuria, el personaje de Malena Alterio. Ella, como nosotros los espectadores, tiene que sufrir a Jesús. Pero ahora, Nuria vive sus propias situaciones ridículas. El sonrojo de sus patéticos intentos por ser feliz se transforma directamente en pena: su deseo de ser madre, sus aspiraciones artísticas, su forma de imitar a la ‘ideal’ Andrea (Marta Nieto). Pero sobre todo hay que destacar esa pequeña trama detectivesca que protagoniza Nuria para desvelar el secreto que esconde su padre (fantástico Miguel Rellán), una trama de humor más convencional, de equívoco y enredo, pero muy divertida. Por último, el tercer personaje principal de la serie, Óscar (Vito Sanz) lleva un determinado tabú hasta niveles insospechados de incomodidad.

Vergüenza es un pulso constante por congelar nuestra sonrisa y eso deberíamos agradecerlo. Esta segunda temporada tiene, además, hallazgos que me parecen muy afortunados. Los gags protagonizados por el entrañable Yusuf (Yannick Nguenkam), abren la vía de un humor cruel con el que es francamente complicado elegir entre la risa y la pena. Mencionemos también el acertado retrato social de las otras dos parejas que acompañan a los protagonistas: Ramón y Vanessa (Pol Lopez y Teresa Cuesta) representantes del ‘cuñadismo’, y Andrea y Guillermo (Marta Nieto y Jaime Zarataín), que encarnan a los ‘progres’ que se pasan de ‘guais’. Padres y parejas como estos existen, pero sobre todo sirven de mirada ‘normal’ para las meteduras de pata de Jesús y Nuria. Pero hay más: estos matrimonios son retratados de forma crítica, ridiculizados, lo que nos obliga a ponernos de parte de nuestros impresentables protagonistas.

Estamos ante una serie diferente, atrevida, arriesgada, nada complaciente, que propone un humor diferente al costumbrismo imperante en España. Aquí uno que agradece su existencia.