Cuando aparece en pantalla Shira Haas, pocas pegas se le pueden poner a Unorthodox. Su personaje de Esther Shapiro es una joven que pertenece a una comunidad judía ortodoxa que vive en una especie de burbuja, en Brooklyn. A través de Esther conocemos la idea machista que tienen estos fanáticos religiosos, que rechazan parecerse, en nada, a nosotros. No estudian, viven sin utilizar la tecnología, y dedican su vida a rezar, a evitar cualquier tentación de ‘pecado’. El asfixiante conjunto de reglas que deben seguir y el trato que dan a la mujer hace pensar en otra ficción reciente, The Handmaid´s Tale, sin llegar, claro, a los excesos de crueldad de la distopía protagonizada por Elisabeth Moss. Pero es verdad que para crear su aterradora Gilead,Margaret Atwood se obligó a someter a su protagonista, Defred, solo a vejaciones que han sufrido las mujeres en la vida real, en alguna cultura, en algún momento. El universo cerrado en el que vive Esther Shapiro puede parecer una distopía incrustada en nuestro siglo XXI, justo en la modernidad, la libertad -y el ‘libertinaje’- de Nueva York. Para establecer el contraste entre la vida de Esther y nuestra sociedad occidental -más o menos- igualitaria, el argumento establece dos líneas temporales: en la primera, Esther ya ha escapado -al menos geográficamente- y en la segunda, en el pasado, vemos cómo era esa vida en la que no podía tomar ninguna decisión. 

Creada por Anna Winger, guionista alemana, basándose en la autobiografía de Deborah Feldman-que actualmente vive en Berlín- y dirigida por la también alemana Maria Schrader, esta miniserie de Netflix brilla en la descripción de las injusticias con las que tiene que luchar Esther. Interesa sobre todo en la descripción costumbrista de las tradiciones judías, pero fracasa en la construcción dramática de los momentos importantes de las trama, que parecen gratuitos. La peripecia de la protagonista parece quedarse corta, en solo 4 episodios, cuando quizás merecía un desarrollo mayor en algunas subtramas, especialmente la de la afición musical de Esther, tan importante en la historia, que permanece siempre en un segundo plano, cuando no es directamente obviada mediante la elipsis. 

Unorthodox peca, además, de algunos excesos melodramáticos; o de dejarse cabos sueltos; o de cierto maniqueísmo en el retrato de los dos mundos que contrapone: si el de Esther parece un infierno, el ‘nuestro’ parece integrado exclusivamente por personas receptivas a los problemas de los demás, solidarias y dispuestas a darle cobijo a cualquiera. Ojalá fuera cierto