Una mujer de Belfast, Mary Beckett (Errata Naturae, 2026)

Más relatos en la sección —estabais avisados—, cortesía de Errata Naturae. Y, de nuevo, de regreso a Irlanda con Una mujer de Belfast, de Mary Beckett, una autora de culto en su país hasta hoy inédita en España. Once historias de emociones soterradas y cotidianidad angustiada, protagonizadas por mujeres en un tiempo y lugar especialmente complejos. Justo antes y durante los tumultuosos años de «The Troubles» en la capital del Ulster. Existencias pertinaces y sencillas, en medio del conflicto. Vidas resilientes pese al silencio y la amenaza, descritas por una sabia y aguda observadora.
Mary Beckett (Belfast, 1926 – Dublín, 2013) se crió en Ardoyne —barrio obrero, católico y republicano— y, siguiendo la tradición familiar, se formó para ejercer la docencia en el St. Mary’s Teacher Training College. Comenzó a escribir relatos en su veintena, siendo pronto publicada por las revistas más prestigiosas del país, mientras elaboraba guiones radiofónicos para la BBC. Sin embargo, dejó toda su actividad literaria al casarse y trasladarse a Dublín, donde tuvo cinco hijos. No volvió a publicar hasta 1980, reuniendo sus cuentos en Una mujer de Belfast. En 1987 fue el turno de su primera novela, Give them Stones —pronto en Errata Naturae—, merecedora del The Sunday Tribute Arts Award. Le sucedió más ficción breve con A Literary Woman (1990) y varias obras infantiles.
Una mujer de Belfast podría encasillarse como una colección de cuentos costumbristas. Cierto, la autora se nutre de lo mundano para retratar a sus personajes y la sociedad irlandesa. Pero la definición se antoja corta. Porque, a mi juicio, como una Edna O’Brien en formato breve, Beckett explora y expone las duras «vidas secretas», o al menos muy condicionadas, de sus mujeres protagonistas. Por ello, lo primero que llama poderosamente la atención es la cohesión de estas historias. Y, lo segundo, es la voz y estilo narrativo. Una tercera persona que, pese a rezumar naturalidad y sencillez —impecable traducción de Regina López Muñoz—, resulta no sólo inmediata. Sino tan auténtica como incisiva.
Valgan de ejemplo los relatos que abren Una mujer de Belfast. En apariencia «La excursión», «Theresa» y «La búsqueda de la felicidad» son textos amables, demasiado simples para, en teoría, resultar sustanciosos. Sin embargo, su pegada es contundente. Diseccionan con inapelable transparencia la opresión y desigualdad del matrimonio, con afiladas pullas adicionales a la maternidad y la presión familiar. Aquí hay modestos planes, ni siquiera verbalizados, ante la falta de dinero propio y esposos sombríos. Embarazos inesperados que acarrean un presente de preocupaciones constantes. Allegados raudos a decirte, SIEMPRE, cómo vivir. ¿El resultado? Esposas al borde de un ataque de nervios más que justificado.
Más cargas mortificantes en el siguiente trío de historias. Aunque con un notable matiz en forma de unas mujeres más dispuestas a la confrontación. Capaces de encarar la verdad, resistir, incluso contrarrestar el terrible «qué dirán». Ahí tenemos «Una granja, unas tierras», excruciante y agravada muestra de lo que se espera de una irlandesa «de bien». El jocoso vitriolo verbal de «Santos y sabios» que, no obstante, expone la crudeza de una sociedad que no concibe que una esposa critique a su marido. Menos aún, el divorcio. Y «La armonía de las nubes», donde nos topamos con la aflicción, a su vez el instante de revelación, de una mujer desdichada, consumida por la vida que no pudo tener debido a la segregación —y el machismo— entre católicos y protestantes.
Iniciamos el tramo final de Una mujer de Belfast… y también el mejor. Beckett eleva el nivel y la enjundia al añadir una nueva dimensión a los rasgos y cuitas domésticas expuestas en los relatos previos. La de los Troubles. Así, tras «Ruth», revisitación temática de «Theresa» que introduce el factor de marginación causado por los embarazos «ilegítimos» y el hipócrita puritanismo moral de la época, llegan «Banderas y emblemas» y «El maestro y las bombas». Dos estupendas piezas, ancladas en su contexto y tiempo —el primero basado en una ley de 1954 que protegía la Union Jack frente a la irlandesa—, donde el peso recae en lo que acontece y se sufre de «puertas para adentro». Las consecuencias para los hogares divididos por su apoyo a un bando.
Así arribamos a «Una mujer de Belfast», el relato que da título a la colección. Una joya que nos trae a Mary Harrison. Una viuda católica en un barrio protestante, explícitamente conminada a marcharse de su casa. Una amenaza brutal que le impele a recordar una vida de éxodos y renuncias forzosas por pertenecer a un grupo social… Toca claudicar una vez más o, por una vez, ¿enfrentarse al miedo?. No le anda a la zaga «Años de declive» y la fascinante relación materno-filial entre otra viuda, Nora, que entrada en su senectud, lucha por preservar algo de su intimidad e independencia. Ante sus achaques, claro. Pero, sobre todo, frente al escrutinio de su apagada, indiferente hija Una, también cónyuge supérstite. Un relato que alberga multitudes en su interior. Generaciones y generaciones de «madres Irlanda».
Armada con un estilo que sublima el arte del «menos es más», en estas historias Mary Beckett radiografía un país, en el ámbito urbano o rural. Sin efectismos ni trucos dramáticos, sus mujeres encapsulan los traumas y dilemas morales padecidos. Ya sea por las convenciones y estructuras sociales patriarcales. O por la virulencia y ramificaciones del Conflicto. También nos muestra su fuerza y anticipa sus ansias de revuelta, todavía sorda pero latente. Que el aspecto afable, límpido, no os llame a engaño. Estamos ante una colección de relatos de impacto y aún mayor profundidad. Gran descubrimiento.