Cine de género para pensar

Lo más rompedor de Una joven prometedora es convertir en comedia un tema muy incómodo. No es que la película se ría de ello, de hecho, se toma un asunto terrible completamente en serio, pero el tono de este estupendo film nominado a 5 Oscars es de un humor negrísimo. Un recurso distanciador que permite que la historia sea digerible y soportable, porque de lo contrario, la indignación sería la emoción principal en el espectador. De hecho, creo que el humor permite una reflexión mucho más provechosa que la mera denuncia. 

La historia nos presenta a Cassandra -ya sabéis, la heroína trágica griega que tenía el don de la profecía, pero a la que nadie creía- interpretada por una magnífica Carey Mulligan -justamente nominada al Oscar-, una joven que busca venganza tras quedar traumatizada por un hecho trágico de su pasado. Esa misión de venganza de Cassandra permite al argumento exponer todos los elementos de una sociedad machista y de la cultura de la violación: el culpar a la víctima, los abogados que cínicamente defienden a las ‘manadas’ y hasta cómo las propias mujeres prefieren el silencio. Todo esto queda retratado en la película como una ácida sátira social en la que no se salva nadie. Pero ojo, porque no estamos ante un simple panfleto feminista.

La película está firmada por la actriz -y ahora directora a tener en cuenta- Emeradl Fennell, intérprete que recordaréis como Camilla Parker Bowles en The Crown, además de ser guionista en Killing Eve (en esta, su primera película, hace un pequeño cameo como una youtuber que da consejos sobre maquillaje). Fennell -nominada al Oscar como directora y guionista- sorprende por la inteligencia y el atrevimiento de su ópera prima, en la que utiliza un planteamiento estético pop como otro elemento distanciador: aunque se parezca mucho, Una joven prometedora no ocurre en el mundo real -si es que lo hace alguna película- sino en una realidad cinematográfica estilizada, similar a la de las obras de Quentin Tarantino -comparen el traje de enfermera ‘sexy’ de Cassandra con el de Daryl Hannah en Kill Bill (2004)-, y a la del cine de género exploitation grindhouse. Así, la película es al mismo tiempo cine de autor, cine de denuncia, cine de género y una reflexión sobre el propio cine como vehículo de ideas. 

Si, en mi opinión, el tono de Una joven prometedora recuerda poderosamente al de películas como Heathers (1988) o Tumba abierta (1994), Fennell lanza un dardo envenenado a otra comedia negra, Very Bad Things (1998) que nunca volveremos a ver con los mismos ojos. Además de todo esto, creo que lo que eleva el film por encima de la media son sus personajes, muy bien escritos y mejor interpretados. Fíjense en lo bien que está planteada la relación entre Cassandra y Ryan (Bo Burnham), en el entrañable padre interpretado por el veterano Clancy Brown, y en general, en todos los actores, estupendos en pequeños papeles, matizando personajes que no son nunca, del todo, seres malignos, sino seres humanos, aunque despreciables. Por último, el gran mérito de Una joven prometedora es que nos hace pensar sobre cada giro de su trama y cada decisión de la protagonista, y más importante, sobre el comportamiento de las víctimas de su venganza.