Un amigo extraordinario

Un tío majo

Un amigo extraordinario me parece un clásico instantáneo. Una película diferente, atrevida, cuya sencillez esconde una complejidad sorprendente. El personaje principal es Fred Rogers, interpretado por un Tom Hanks que volvió a ser nominado al Oscar por este papel. Mr. Rogers fue el creador de un programa de televisión infantil, verdaderamente naive y peculiar, pero de un encanto irresistible.

La historia de Fred Rogers, la real, se cuenta en el estupendo documental ¿Quieres ser mi vecino? y es también la inspiración de la serie Kidding, de Michel Gondry y Jim Carrey. Rogers fue un personaje tan admirado como criticado por los que no se creían lo que hoy llamaríamos su ‘buenismo’. Pero su buen rollo, basado en la fe cristiana, respondía a una filosofía que me parece inapelable: entender a los demás y a nosotros mismos, aceptando los defectos y las virtudes de cada uno.

Desde la televisión pública estadounidense, Rogers intentó hablar con los niños en un programa sin violencia ni enfrentamientos, pero tratándolos como seres inteligentes y capaces de abordar temas tan complicados como la enfermedad, la muerte o la guerra. Uno de los momentos importantes de la trayectoria de Rogers fue la entrevista concedida a la revista Esquire al periodista Tom Junod. Esta es la base real de la película que nos cuenta la directora Marielle Heller, estupenda realizadora de filmes que han pasado desapercibidos en nuestro país, como su ópera prima, directamente sin estrenar, The Diary of a Teenage Girl (2015), estupendo y diferente coming of age, y la magnífica ¿Podrás perdonarme algún día? (2018) que también le valió nominaciones a los Oscar a sus actores, Melissa McCarthy y Richard E. Grant.

En Un amigo extraordinario, Heller vuelve a demostrar sus capacidad de crear, junto a sus actores, personajes muy humanos, tan entrañables como cargados de defectos. Aquí, el protagonista es un periodista, transformado, para efectos dramáticos, en el personaje Lloyd Vogel (Matthew Rhys). Un tipo algo amargado, escéptico, desconfiado, que arrastra traumas familiares y cuyo encuentro con el pacífico, educado y dulce Fred Rogers es el conflicto principal del film.

De una sencillez pasmosa, la película contiene varios momentos mágicos: la canción en el metro, el minuto de silencio, las transiciones a través de las maquetas del programa de Fred Rogers. Heller saca de nuevo oro de sus actores: Hanks vuelve a dar vida al tipo más majo del mundo, pero también está el personaje que encarna Chris Cooper, vehículo del potente mensaje de la cinta. Cuando vivimos momentos de división, en los que saltamos a la primera oportunidad para juzgar y condenar al otro, Un amigo extraordinario nos dice que todo el mundo puede redimirse.