Tropical Fuck Storm surgió gracias a un parón de la mítica banda de art punk noise The Drones a finales de 2016. Su líder, vocalista y guitarrista, Gareth Liddiard, y (su pareja) la bajista Fiona Kitschin aprovecharon esta pausa para concebir un nuevo proyecto en el que dar cabida a nuevas inquietudes musicales y pronto incorporaron a la baterista Lauren Hammel (High Tension) y la guitarrista Erica Dunn (Mod Con, Palm Springs). Ocho meses después, en otoño de 2017, publicaban su álbum de debut, “A Laughing Death in Meatspace” (Joyful Noise Recordings, 2017), y en menos de otro año y medio están girando por todo el mundo con un segundo trabajo bajo el brazo, “Braindrops” (Flightless Records, 2019), editado por el sello de sus colegas King Gizzard & The Lizard Wizard.

Si sus discos son suficientes para despeinar cualquier cabeza con pelo, es en vivo donde Tropical Fuck Storm logran desplegar su verdadero potencial. Su música es una mezcla de punk, blues, rock experimental, psicodelia, noise y electrónica que se revela mediante una suerte de caos explosivo a base de berridos colectivos, guitarras discordantes, líneas de bajo cáusticas y ritmos enloquecidos en la percusión.

El humor negro es una característica esencial de su propuesta. Su sarcasmo y actitud irreverente se reflejan tanto en su presencia en el escenario como en su sonido, ritmo y letras. Prueba de ello es la camiseta con la que Gareth Liddiard apareció en el escenario, donde podía leerse el lema “Supreme Leader” bajo una estampa de Kim Jong-un.

Los riffs disonantes de “Chameleon Paint” arrancaron un setlist de apenas una decena de temas que se alargó durante una hora y media. Liddiard tardó poco en echarse al suelo con la guitarra mientras Lauren Hammel se descubría como una bestia parda a la batería. Después de este primer episodio de ruido y fregasuelos, “Who’s My Eugene?”, un tema sobre el controvertido psicoterapeuta de Brian Wilson, Eugene Landy, permitió a Liddiard bajar unas cuantas pulsaciones, cediendo el micrófono a Dunn. La complicidad entre los miembros de la banda –patente en el modo como interactúan, se miran y sonríen– es solo una muestra más de que estamos ante un proyecto genuino y con alma. Su buen rollo contagia al público, multiplicando el disfrute de un show hilarante de por sí.

Tras “Soft Power” y “Braindrops”, “You Let My Tyres Down” fue, sin duda, el tema estrella de la velada; una especie de guerrilla sonora dulcificada por un estribillo melódico y muy pegadizo. Con la versión de “Back To The Wall” de sus compatriotas ochenteros Divinyls, los australianos nos reiteraron que we’re living in desperate times (these are desperate times, my dear / there’s no way out of here / there’s no way out, my dear). Como si en sus propias canciones no nos hubiese quedado suficientemente claro cuán jodidos estamos.

Rubber Bullies” y “Paradise” cerraron un final de set que acabó con Liddiard quitándose los pantalones y quedándose en long johns. Durante los bises, todavía tuvo tiempo de quitarse los calcetines y tocar descalzo. No hay duda de que es el frontman perfecto para una banda que hace del delirio su bandera.

Y es que el nombre del grupo lo dice todo. Tropical Fuck Storm son una tormenta de ruido salvaje y desenfrenada, abrasadora y caótica, a la par que excitante y muy divertida. Cuesta creer que un experimento tan demencial como este haya salido tan bien.

Fotos: Javier Barbanero