Sigue Netflix decidida a fichar a los grandes talentos cinematográficos y Triple Frontera aparece en la plataforma firmada por el prometedor J.C. Chandor, de sólida carrera y con un futuro a seguir de cerca, sobre todo tras El año más violento (2014). Aquí, Chandor cuenta con un reparto solvente: repite con Oscar Isaac, añade una estrella como Ben Affleck, y se rodea de gente como Charlie HunnanZ, La ciudad perdida (2016)- y Pedro Pascal. La presencia de este último y el argumento nos hace pensar inevitablemente en la serie Narcos: el destino de los personajes es Sudamérica y el marco, la lucha contra la droga. Pero los protagonistas son soldados veteranos -que trabajan para la CIA- lo que nos hace trazar paralelismos con el estupendo díptico de Sicario (2015) y Sicario: El día del soldado (2018).

Hagamos la sinopsis: un grupo de operativos de las fuerzas especiales, casi todos retirados, se reúnen para atacar a un poderoso narcotraficante que esconde un botín millonario -claro trasunto de El Dorado- que podría resolver la vida de las familias de estos veteranos de guerra. Podemos pensar también, por tanto en Tres reyes (1999) en la que el tesoro estaba enterrado en el Irak de Sadam Husein. Triple frontera se divide claramente en dos partes: la primera aborda la vida de los protagonistas y su incapacidad para adaptarse a la vida civil, para establecer relaciones de pareja y familiares, para encontrar un trabajo digno con el que subsistir. Esta reflexión sobre la realidad del veterano de guerra, sobre el coste humano y personal de un conflicto bélico -la guerra contra el terrorismo y las drogas, lo son- parecen un eco de planteamientos similares a los de El francotirador (Clint Eastwood, 2014) y La noche más oscura (2012) de Kathryn Bigelow que aquí aparece como productora. Ambas películas comparten además guionista: Mark Boal, que ha firmado también el texto de dos películas dirigidas por Bigelow, En tierra hostil (2008) y Detroit (2017). El dibujo de la incómoda y desagradecida situación de los que han luchado por Estados Unidos más allá de sus fronteras, sirve sobre todo para establecer sólidamente las motivaciones de los personajes y que nos identifiquemos con ellos. Tras esto, el film se convierte en una película de acción y aventura, trepidante, en la que los (anti)héroes deben superar todo tipo de obstáculos y complicaciones. Chandor demuestra buen músculo para este tipo de secuencias. Pero hay además un conflicto moral en los protagonistas, paralelo a este trayecto físico, que me ha recordado, no sé si estaréis de acuerdo, a El tesoro de Sierra Madre (John Huston, 1948).