Brecha generacional

La animación mainstream, la producida por Disney y Pixar, se dirige a un callejón sin salida por culpa del increíble realismo de sus imágenes. Sus personajes -todavía caricaturizados para evitar el temido uncanny valley– se mueven por escenarios cada vez más difíciles de diferenciar de los verdaderos, gracias a sus texturas, colores y efectos de luz. Un hiperrealismo apabullante, que las productoras más pequeñas no pueden igualar, pero que limita a la animación a contar las mismas historias que los blockbusters de imagen real. Una tendencia que ha intentado cambiar Spider-Man: Un nuevo universo (2018), que apostaba por un diseño visual más cercano al 2D, al cómic, y que de forma deslumbrante combinaba todo tipo de lenguajes audiovisuales. 

Tortugas Ninja: Caos mutante sigue en la misma dirección, con un estilo visual muy diferente al de cualquier otra película animada. Los personajes y los escenarios parecen imperfectos, como bocetos, con lo que ganan en expresividad, dinamismo y frescura. Un estilo que quizás busca acercarse a los cómics originales, de look casi underground, creados por Kevin Eastman y Peter Laird en 1984. Este acabado visual es suficiente, al menos para mí, para que la película merezca la pena. 

La historia, esencialmente, no hace más que narrar, por enésima vez, el origen de las cuatro tortugas mutantes, entrenadas en artes marciales por una rata humanizada -con la voz de Jackie Chan en la versión original-. Sin embargo, ese relato convencional -que garantiza el interés del público infantil- está matizado por una mirada que actualiza la historia de siempre. Dirige Jeff Rowe, responsable de la estupenda Los Mitchell contra las máquinas (2021), que imprime ritmo a los continuos chistes y bromas entre los personajes -en esencia, una familia-. Pero sobre todo hay que hablar de los guionistas: Seth Rogen, Brendan O´Brien, Evan Goldberg, tres cómicos que consiguen que las tortugas hablen como lo harían nuestros hijos. Nunca se habían parecido tanto a un verdadero adolescente. Así, la clave de la película es la angustia adolescente, el sentirse rechazado por los demás e incomprendido por los padres -bien sea la rata Splinter o la mosca Superfly (Ice Cube)-, y el enfrentarse a la búsqueda de un lugar en el mundo, del primer amor, de sentirse parte de algo. Se nota sobre todo el esfuerzo por crear unos personajes entrañables con los que podamos identificarnos y por darle al espectador una historia con algo más que el enfrentamiento entre el bien y el mal. 

Otra razón para recomendar Tortugas Ninja: Caos mutante es que se aleja del tono familiar y se atreve a ser incorrecta: ojo a los vómitos y a la soltería forzada de Splinter.