La Felguera, una de las editoriales más alucinantes de este país, regresa a la sección con Todo el odio que tenía dentro, de Servando Rocha. Un libro que rescata la inclasificable figura de Dum Dum Pacheco, delincuente juvenil, legionario y boxeador. Pero va infinitamente más allá. Porque, a través de él, rastrea la historia oculta(da) de Madrid y todo un país, de la posguerra a la democracia. Y llega tan lejos —me anticipo, pero es que hay mucho que contar—, que su lectura se antoja una obra magna en el panorama nacional, destinada a perdurar. 

Nacido en Santa Cruz de la Palma en 1974, Servando Rocha es ensayista, escritor y editor —y ex batería, ojo— de La Felguera y su revista, Agente Provocador. Especialista en vanguardias, subculturas y contracultura, ha publicado una decena de obras sobre movimientos artísticos, histórico-políticos o psicogeográficos —«cosas de situacionistas», vamos—. Entre ellas destacan La facción caníbal. Historia del vandalismo ilustrado; Nada es verdad, todo está permitido. El día que Kurt Cobain conoció a William Burroughs; El ejército negro. Un bestiario oculto de América; La horda. Una revolución mágica; o Algunas cosas oscuras y peligrosas. El libro de la máscara y los enmascarados. Y, ahora, tras seis años de titánica labor, Todo el odio que tenía dentro.   

Porque la empresa de Rocha es de lo más sugerente y ambiciosa, no ficción transitando la senda del relato colectivo, edificada con una tonelada de bibliografía, pero apuntalada en los testimonios orales. Una suerte de matrioska inversa, donde el foco va amplificándose, alimentado por cada pieza que, no solo encaja, sino que resulta indispensable para mostrarnos la imagen completa. Por un lado, ya comentado, tenemos la tremenda vida de Pacheco. Y elemento clave de sus peripecias, la trayectoria de la banda juvenil los Ojos Negros. Dos relatos indisociables que, unidos al del propio periplo del autor en sus pesquisas convergen en uno de mayor enjundia. El del «fangal», aterrador, de la España franquista. 

Así, aunque parezca increíble, en Todo el odio que tenía dentro desfilan glorias del boxeo patrio y sus insignes periodistas. West Side Story. Monstruos como Billy el Niño y aberraciones nivel División Azul. Camilo Sesto. El Lute. Nicholas Ray, Maritrini y Rock-Ola. Ray Davies y su flema. Disqueras del Opus y promotores nazis. La radiografía de las bandas callejeras madrileñas de los 60-70. Torturas policiales y carcelarias. Urbanismo criminal y, huelga decir, profundamente clasista. Pobreza y violencia. La transición. Un fascismo «marca España» mucho más «en la onda» y ductil de lo que cabría pensar. Un régimen brutal en los calabozos de la Dirección General de Seguridad. No obstante, presto a cierto aperturismo si atrae al turista y le suaviza la imagen internacionalmente… 

Son tantos los requiebros de guión, cruces de caminos y asociaciones inesperadas, encuentros explorados, igual que el alcance de los temas abordados, que la obra no debería sostenerse. Sin embargo, Todo el odio que tenía dentro funciona, te lleva a lugares inesperados, asombrosos en su pegada político-social. Paradójicamente, a mi juicio, su «pegamento» quizás sea lo más prescindible del libro, su propia construcción, el trayecto investigativo y vital de Servando Rocha. Por un lado, la reiteración y el subrayado narrativo acechan. Por el otro, ancla la lectura y nos hace partícipes de sus hallazgos, dudas, contradicciones y miedos. Porque ciertamente, cualquiera titubearía al toparse con ese «engendro» llamado España.  

Y es que, con el boxeo de fondo, Rocha traza la historia del país. La de los niños de la posguerra, abocados a la miseria y la exclusión vía periferia. Malabsorbiendo los retazos de la cultura pop tolerados por el franquismo, azogue del pandillismo… yeyé. La del tardofranquismo, donde lo quinqui y el tocho van de la mano. Planificaciones urbanísticas abyectas —fascinante la disección de la expansión de Madrid— resumible en el lapidario eslogan «nada de proletarios, mejor propietarios». Connivencia de la cultura y los poderes franquistas. Famoseo, dinero fácil y juergas efímeras. Pésimo cine. Vil especulación. Sangre en el ring, en las calles suburbiales y en las cárceles. Y también la de la España democrática, con su rodillo inmisericorde, sus olvidos crueles y sus atroces concesiones políticas, que aún pagamos. Puro esperpento.

Servando Rocha ha hurgado con denuedo en esa incoherencia y extrañeza. Sin duda, el exceso podría haberlo engullido, dirigiéndolo hacia lo anecdótico, la habitual épica del antihéroe, o el discurso político. En cambio, Todo el odio que tenía dentro opta por la travesía más compleja y veraz. Indagarlo y volcarlo todo. Hay dolor infinito. Absurdos por doquier. Indignidades que ayudan a explicar nuestro siglo XXI, incluso nuestra actualidad. Los conectores y vínculos son sorprendentes y espeluznantes. Nada lo ejemplifica mejor que un pobre de solemnidad y torturado sea fan de Franco, Hernán Cortés y Elvis. Un forajido, víctima de la cara más salvaje del régimen, metido a exitoso púgil ultraderechista. Qué tozuda es la historia… Y que grandes, y necesarias, las obras que se atreven, sin cortapisas, a intentar contarla.