La noche del pasado viernes fue la tercera vez que pude disfrutar en vivo de Tindersticks, en esta ocasión dentro del ciclo de conciertos Inverfest. Parafraseando a un crítico de Pitchfork (que se refería a sus discos), Tindersticks nunca han dado un concierto malo.

Unos minutos después de las 8 de la tarde, y con un Circo Price con una entrada más que aceptable, salían al escenario Stuart Staples (voz), David Leonard Boulter (teclados), Neil Fraser (guitarra), Dan McKinn (bajo), Earl Harvin (batería), y un sexto miembro que añadió una tercera guitarra a alguno de los temas, para empezar la actuación con una intimista Willow. Este arranque tan tranquilo sirvió para comprobar que el público iba realmente a escucharlos: aparte de la música, sólo se escuchaban, a veces, los crujidos de la tarima del Price por el trajín que se traían continuamente los acomodadores y los de seguridad.

Si esta no fue la vez que más me gustaron Tindersticks, no fue por el sonido, que rozó la perfección, ni por la voz de Staples, que se conserva maravillosamente bien, sino por la selección de temas, que se centró en los últimos trabajos (especialmente en el último, del que cayeron seis de los 19 temas). Pero no se puede poner ningún otro “pero” al grupo, a no ser que uno les critique que ya no tienen el físico de hace 20 años o que podían cuidar un poco más la escenografía del concierto.

La única versión de la noche, Johnny Guitar, cayó a mitad de concierto, tras la estupenda Pinky In The Daylight, de su último trabajo. Siguieron See My Girls, The Amputees o Second Chance Man, en la que se pudo ver la excelente compenetración de la banda (Staples hacía un mínimo gesto con la mano y Earl Harvin –¡qué bueno es el batería!– cambiaba el ritmo para terminar la canción). Y después sonaron Sleepy Song, Were We Once Lovers, …, hasta llegar a For the Beauty, con la que anunciaban el final del concierto: “un sitio encantador, una gente encantadora, un magnífico lugar para terminar nuestra gira. Esta es la última canción”. Pero el público empezó a pedir más canciones, por lo que Stuart Staples añadió: “…but we are open to negotiation”.

La negociación no era necesaria, porque los bises estaban incluidos en el programa. Cayeron para cerrar la noche Her, Harmony Around My Table, una inesperada Tiny Tears (Staples habló con sus compañeros para tocarla, aunque no estaba en el setlist) y Take Care In Your Dreams, con la que terminaba un concierto que supo a poco (duró aproximadamente una hora y cuarenta minutos), pero a gloria.

Fotos: Adolfo Añino