Thurston Moore, ‘By The Fire’ (Daydream Library, 2020)

Thurston Moore entrega otro gran trabajo en solitario

Hay que reconocer que a la carrera en solitario de Thurston Moore le ha sentado muy bien lo de mudarse a Londres. El artista norteamericano no ha parado de editar referencias desde que los míticos Sonic Youth pasaron a mejor vida, y en los últimos años es habitual encontrarse con nuevos temas suyos cada poco tiempo. Unas canciones que se mueven a medio camino entre su faceta más experimental, y ese lado más accesible que tenían los últimos discos de su banda. Algo que se aprecia sin problemas en ‘By The Fire’, el que es su nuevo trabajo. 

El séptimo álbum de Moore es algo así como el disco definitivo de su carrera en solitario. En él condesa todo lo que hemos podido escuchar hasta ahora, dejando que esas dos facetas se fusionen con enorme facilidad, y dando con el equilibrio perfecto entre ellas. Así, empieza el álbum mostrando ese lado más accesible con “Hashish” y “Cantaloupe”, dos temas en los que la batería de Steve Shelley y la guitarra de Moore, vuelven a encontrarse como lo hacían en los tiempos de Sonic Youth. Evidentemente, son los dos singles del álbum, pero en el disco hay mucho más donde rascar. 

Thurston Moore está muy cómodo llevando sus canciones hacia caminos extensos en los que no se preocupa del minutaje final. Lo bueno es que no pierde ese punto melódico que tanto le gusta, y es capaz de hacer temas que sobrepasan los diez minutos sin que apenas te enteres. Ahí está la potente “Breathe”, que es todo un torbellino en el que hay guitarras lisérgicas y psicodélicas, explosiones de distorsión, y un momento kraut que es una maravilla. O “Siren”, donde las guitarras destilan más dulzura, y en la que se explaya bien a gusto en una deliciosa y envolvente melodía. Además de “Dreamers Work”, en la que sale a luz su lado más folk. 

Evidentemente, hay un par de cortes en los que la experimentación gana la partida, y sería raro que no fuera así tratándose de un disco de Thurston Moore. En cualquiera caso, hay que tener un poco de paciencia, porque los primeros ocho minutos de distorsión con los que cuenta “Locomotives” no son para todo el mundo, pero la canción cambia bastante a partir de ahí. De hecho, se convierte en uno de los grandes momentos del disco. Algo que no podemos decir de “Venus”, con la que cierra el álbum dejándonos trece minutos de distorsión al más puro estilo jam session. Quizá, para un concierto, vale, pero tras más de una de música, se hace un poco bola. 

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