La infancia interminable

Si la cuarta temporada de Stranger Things reivindicó al heavy -tras hacer lo propio con los frikis, los roleros y los cinéfilos- a través del personaje de Eddie Munson (Joseph Quinn) y el uso del tema Master of Puppets (1986) de Metallica, ahora Thor: Love and Thunder usa los cuatro temas conocidos de Guns N’ Roses para marcar los momentos clave del relato. El director Taika Waititi lo hace como reclamo nostálgico, seguro, pero también porque encaja en la colorida estética de la película, cuyas imágenes parecen sacadas de la portada de un álbum glam rock. Lo que no está reñido con el uso de los diseños del gran creador del Universo Marvel en los cómics, Jack Kirby

Thor: Love and Thunder es una pasada, pura diversión. Una película en la que Waititi lo mezcla todo con una libertad que parece absoluta. El ingrediente principal, eso sí, es la comedia, que va de la parodia al absurdo y que tiene momentos muy divertidos: las cabras que gritan, los celos de la Rompetormentas -¿De verdad se llama así?-, las ridículas caras que vemos en el panteón de los dioses. Pero, claro, también hay acción superheroica, fantasía heroica, ciencia ficción, drama, elementos de terror -con ese Christian Bale pasado de rosca que recuerda a Marilyn Manson- y muy importante: comedia romántica. Puede que alguno de esos elementos le chirríe a algún espectador -es normal- pero mi consejo es dejarse llevar por la propuesta de Waititi cuyo tono es similar al de un episodio de la animada Teen Titans Go! -lo siento, es lo que ven mis hijos, pero ya me entendéis- en los que cualquier cosa puede pasar.

La película, además, es puro Waititi, reflejando esa querencia del director neozelandés por la fantasía y la imaginación del mundo infantil, como ha demostrado en títulos como Hunt for the Wilderpeople (2016) o Jojo Rabbit (2019) o con los protagonistas de Lo que hacemos en la sombras (2014) quienes, como el propio Thor (Chris Hemsworth) no son más críos en el cuerpo de un adulto. Entre el mito y el cuento infantil, Waititi consigue un delicioso tono que unifica el relato en una película de Marvel Studios que es absolutamente independiente del resto de cintas: sí, es verdad que la relación entre Thor y Jane Foster (Natalie Portman) comenzó en la lejana Thor (2011) de Kenneth Branagh, pero es que aquí, a través de flashbacks, se cuenta su historia de amor de una forma mucho más satisfactoria. Para ver y volver a ver con toda la familia.