Terror y racismo

No sorprende a nadie que el director, guionista y productor, Jordan Peele, reconozca haberse inspirado en una obra seminal del cine de terror como La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero. Aquella ofrecía una experiencia de terror puro, creaba el mito moderno del zombie, pero además poseía una gran capacidad perturbadora, permitiendo lecturas sociológicas e incluso políticas. Para Peele, el que el protagonista fuera un afroamericano -y su sorprendente final- debió sembrar la semilla de su estupenda Déjame salir (2017), en la que la lectura en clave del conflicto racial en Estados Unidos es inevitable. Peele ha seguido cultivando esa vía de mezclar géneros como el terror y la ciencia ficción con un comentario social en películas como Nosotros (2019), en el remake de la serie Dimensión desconocida -especialmente en episodios como ReplayPoint of Origin– y en la serie Territorio Lovecraft

En esa misma corriente se inscribe la potente Them-inevitable relacionar su título con el Nosotros de Peele- creada por el guionista Little Marvin. En ella se mezcla el racismo de los años 50 en Estados Unidos con el terror sobrenatural de una casa encantada -algo que también hace pensar en la reciente Casa ajena (2020)-. Una mezcla explosiva porque está realmente bien planteada. Los protagonistas son una familia afroamericana, los Emory -interpretados por Deborah AyorindeAshley ThomasShahadi Wright Joseph y Melody Hurd– que tras un hecho traumático se enfrenta a una nueva vida en un vecindario de raza blanca, donde son recibidos por los vecinos -sobre todo Alison Pill, y también Liam McIntyrePat Healy y John Patrick Jordan– de una forma terrorífica. 

La serie expone así dos tipos de miedo: uno muy real, al racismo, a la violencia, a la marginación y a la humillación que proviene de un poder externo opresor; y el miedo a lo sobrenatural y a la muerte. La serie juega en cada capítulo con los dos tipos de terror: la familia protagonista no solo sufre una discriminación brutal, sino que, además, cada miembro tiene que lidiar con apariciones que no sabes si existen realmente o son el producto del miedo: puro terror psicológico. Los momentos de discriminación y violencia racista son extremos y probablemente no son aptos para todos los espectadores. Por otro lado, las terroríficas apariciones están entre la efectividad y lo inquietante del cine de James Wan y un terror más estético, al parecer deudor de David Lynch -como confiesa el propio show runner, Little Marvin-. Si bien estos dos mundos conviven dentro del argumento y están muy conseguidos, la verdad es que el terror real acaba por eclipsar a los horrores fantásticos. La serie no solo habla de racismo, sino que contiene un comentario más amplio sobre el uso y el abuso del poder: en la sociedad, en el ambiente laboral, en las relaciones de pareja, además de denunciar también el machismo y la homofobia.

Gran parte del mérito de la efectividad de la serie se debe a un cuidado diseño de producción, que convierte en terrorífica la idílica imagen que tenemos de los Estados Unidos de los años 50 -de nuevo, una de las obsesiones de David Lynch-, utilizando referentes que todos tenemos en mente, como la obra pictórica de Edward Hopper. También hay que destacar una interesante banda sonora, compuesta por temas anacrónicos que complementan muy bien los temas y las situaciones de la serie. Y hablemos también del excelente equipo de realizadores, bastante capaces de generar tensión, inquietud y miedo: me gustaron especialmente los episodios dirigidos por Nelson Cragg y mencionemos también a un talento del cine de terror como Ti West The House of the Devil (2009) y The Inkeepers (2011), – que dirige un par de capítulos. Them es un sólido producto televisivo, terrorífico y con una rabiosa denuncia social, que no teme traspasar ciertas líneas en cuanto a la violencia y a cierta agresividad contra el espectador -los niños son en esta ficción las principales víctimas-, y que acaba con una idea escalofriante: se puede combatir el mal sobrenatural -el de la fantasía- pero el real -el racismo- seguirá estando allí cuando apaguemos el televisor.