8.0
Score

Final Verdict

The Stroppies es una de las bandas más frescas e inteligentes que nos ha dado el reciente indie-rock australiano. Algo que demuestran en ‘Levity’, un tercer álbum ecléctico en el que, sin embargo, nunca pierden su talento para crear una buena melodía y un gran estribillo.

The Stroppies es uno de esos casos extraños que se producen de vez en cuando en el mundo de la música. Y es que, estamos ante un cuarteto de Melbourne que se formó como banda paralela de algunos miembros de bandas como Dick Diver, Boomgates y The Stevens. Grupos todos ellos, que estaban destinados a revivir ese rock que hizo que medio mundo mirara a Australia en los ochenta. Pero al final, se ha convertido en el proyecto principal, y ya van por su tercer álbum. Además, se han ganado las alabanzas de gente como Paul Weller, que los eligió para abrir su última gira británica. Y no es para menos, porque su último disco es fantástico.

Levity’ es otro trabajo que nace de los primeros meses del confinamiento. Y ya sabéis los estrictos que fueron los australianos en aquellos días -supongo que no tenían políticas amantes de las cañas, como en nuestro país-. Así que The Stroppies tuvieron que trabajar en estas canciones de una forma un tanto particular. Al parecer, cada uno de los miembros de la banda, se iban pasando su parte de cada canción por correo electrónico, pero también afirman que, hasta que no pudieron trabajar juntos en la misma habitación, las canciones no empezaron a salir. Y no sabemos si será por esa forma de trabajar o qué, pero les ha quedado una colección de temas de lo más ecléctica e interesante.

Uno ya se da cuenta de que estamos ante un disco de pop diferente con tan solo escuchar el primer tema. “The Perfect Crime” es una canción atípica que tiene como protagonista ese extraño coro onomatopéyico que planea a lo largo de sus casi cinco minutos. Pero eso, unido a un ritmo repetitivo y cortante, y a su talento para crear una buena melodía, hace que se te meta en la cabeza a la primera. Y es que, ya solo las duraciones de sus canciones son inusuales en este tipo de discos. Solo hay que irse a “Material Condition”, una pequeña maravilla en la que sobrepasan holgadamente los cinco minutos. Además, lo hacen de la forma más juguetona, porque empieza como una bonita canción de jangle-pop, pero en su segunda parte cambian de rumbo y entra una batería más potente y una guitarra que te atrapa y no te suelta.

Como es lógico, también tienen tiempo de acercarse al rock de su tierra. Y hay que decir que, ahí, aciertan de nuevo. “Smilers Strange Politely” y “Up to My Elbows” juegan con ese sonido y le dan frescura. Aunque sí hay que decir que lo hacen de forma diferente, ya que en la primera están más relajados y pop, y en la segunda meten la quinta marcha y ensucian un poco más su propuesta. Pero, como ya hemos dicho, no tienen ninguna intención de que solo los metan en ese carro. A lo largo del resto del álbum encontramos cosas un tanto curiosas, pero igual de interesantes. Como la arrítmica y algo lo-fi “Tricks on Everything”, o como esa “Figure Eights” más cercana al post-punk. Además de “The Bell”, que cierra el disco con una caja de ritmos de lo más sucia y contundente.