6 Oct 2026 15.031 artículos desde 2008
Discos

The Rolling Stones, “Hackney Diamonds” (Gold Tooth Records/ Atlantic Records, 2023)

Con el único objetivo de no hacer demasiado extensa las cuestiones preliminares resumiremos los antecedentes en que “Hackney Diamonds” es la primera entrega The Rolling Stones con material nuevo desde hace dieciocho años (recordemos que fue “A Bigger Bang” en el 2005) y que supone su vigesimosexto álbum de estudio. Circunstancia ésta que nos debe hacer conscientes de la extrema dificultad que supone que nos entreguen a estas alturas de la vida, tras más de sesenta años de carrera su mejor trabajo.  Pero ni falta que hace. Lo único que deseas es que no hayan dejado de sonar a ellos mismos. Y, sinceramente, eso lo consiguen de sobras.

Para satisfacción de los acérrimos habituales vamos a encontrar unos The Rolling Stones que continúan siendo devotos del más puro blues y rock del que se nutrieron en sus comienzos. Pero, a su vez, se nota la larga presencia en este trabajo de la debida y correcta elección del productor Andrew Watt (el mismo que eligió Iggy Pop para su “Every Loser” último y reciente trabajo publicado éste mismo año), el cual en esta ocasión también ha sido capaz de poner al día el más genuino sonido, ya casi ancestral, de la banda sin perder en ningún momento lo que significa la esencia puramente “stoniana” (si, aquella que se perdió indefectiblemente en los 80 con “Undercover” y “Dirty Work”). 

Este “Hackney Diamonds” es esencialmente un álbum rockero, con ciertas incursiones que pretenden reconciliarse con el blues, soul e incluso el country. Dicha apreciación se observa, ya de salida con “Angry“, una canción que no es ni mucho menos la mejor del álbum, ideada para el más puro directo, ideal para abrir los conciertos de la próxima última gira, con una base de ritmo muy fuerte y una cadencia que nos infiere la insinuación que nos encontramos ante el nuevo “Start me Up”. De ahí que se produjera su publicación como single avanzado. Los riffs y el sonido sucio toman el relevo de forma inmediata en “Get Close” con los coros acostumbrados de Keith Richards y sonido de viento dando empaque a la canción, circunstancia, que nos acerca a “Can’t You Hear Me Knockin’”.

También nos encontramos un tema puramente country con “Dreamy Skies” donde se alternan a las voces y no podía faltar la armónica de Jagger, es un muy buen tema, que parece recién sacado del “Beggars Banquet”. “Whole Wide World“ no empieza demasiado bien con guitarras y voz distorsionada, hasta que el estribillo la arregla en cierta manera conduciéndola mediante una acercamiento tímido y progresivo a un tema más pop. Tampoco falta la balada enfermiza de turno con “Depending on You”, donde Mick Jagger es capaz de mantenerla en todo lo alto, con un aire evocador y plenamente sesentero.

En el trabajo, como no podía ser de otro modo, se producen diversas colaboraciones, todas ellas estelares, Paul McCartney acompaña a la banda con el bajo en la canción “Bite My Head Off” que con el riff repetitivo y obsesivo de Keith Richards contemplan un buen tema que intenta ser punk; Lady Gaga contribuye sobremanera en hacer grande y destacada en el conjunto del trabajo “Sweet Sounds of Heaven” una canción de convencida inspiración góspel, con arreglos orquestrales y rock progresivo donde también aparece a los teclados Stevie Wonder.

También aparece en otros dos temas Elton John, pero destaca principalmente en “Live by the Sword”, aireando un cierto toque “Glam”, con una letra de lo más tópico, pero que al ser una de las dos colaboraciones póstumas del malogrado Charlie Watts y con Bill Wyman al bajo formando de nuevo la base rítmica de los Stones muchos años después no la podemos desdeñar. De ahí quizás que nos suene por momentos como una puesta al día de “It’s Only Rock & Roll”.

No podemos obviar “Tell Me Straight”, la balada meditativa cantada por Keith Richards, que es una auténtica entrega ganadora, desaliñada y disonante (perfectamente intercambiable con la entregada hace ya casi 40 años “The Worst”).

Pero el verdadero final del álbum que atesora todos los guiños que se quieran buscar lo encontramos en el último corte del trabajo.  La interpretación solo por Jagger y Richards, acompañados únicamente por guitarra y armónica, en una versión, mucho más que convincente, del clásico de Muddy Waters, “Rolling Stone Blues” (que fue en su día la canción que inspiró que a principios de los sesenta unos muchachos que formaban una nueva banda se llamaran The Rolling Stones), supone lo que podría considerarse un estupendo final de álbum, un apoteósico final de carrera o una increíble última gira mundial.  O todo ello a la vez.

Pero eso tratándose de The Rolling Stones, sabemos que es difícil de acertar. Lo que no podemos poner en duda es que, si el final de la carrera tienen que ser los últimos compases de “Hackney Diamonds”, bienvenido sea. Sería un bonito final que cerraría casi todos los círculos posibles, ya que es un triunfo sorprendente que, en el momento actual, a estas alturas de la vida, sin necesidades nuevas que contar, ni nuevos riffs imborrables que exhibir, todavía sean capaces de entregarnos un conjunto de canciones sólidas y fanfarronas.

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