7.8
Score

Final Verdict

The Killers sorprenden con un séptimo álbum más contenido en el que cambian su rock de estadio por un faceta más íntima y menos épica. Y lo mejor es que salen más que airosos de esta aventura y nos entregan un de sus mejores trabajos.

Si hay un grupo al que le está sentando estupendamente la madurez, ese es The Killers. La banda de Las Vegas ya nos sorprendió el año pasado con ‘Imploding The Miradge’, un disco lleno de grandes canciones en el que su rock de estadio se acercaba, y muy bien, por cierto, a The War On Drugs -Adam Granduciel colaboraba en él-. Y ahora, cuando ni siquiera han pasado doce meses de ese trabajo, lo vuelven hacer con ‘Pressure Machine’. El séptimo álbum de la banda de Brandon Flowers, en el que vuelve a estar a la producción Jonathan Rado de Foxygen, deja de lado su faceta más épica y se mete de lleno en un rock más introspectivo y desolador. Algo de lo que salen más que airosos.

Estamos ante un disco que nos lleva directamente a Nephi, el pueblo de Utah en el que Flowers pasó su adolescencia. Un puñado de canciones en las que nos hablan de la soledad, de adiciones a los opiáceos, de suicidios en la vía del tren, o de abusos domésticos. Y todo aderezado por los testimonios de los propios habitantes del pueblo, los cuales, entre canción y canción, cuentan a un ingeniero de sonido de la NPR todas estas historias. Algo que puede resultar un tanto efectista, pero que termina funcionando y resultando esencial para la radiografía de este pequeño pueblo de la Norteamérica más profunda. 

Musicalmente, es casi imposible no volverse a encontrar con la influencia de Bruce Springsteen. La faceta más íntima del de New Jersey está más que presente -es evidente que han intentando hacer su ‘Nebraska’-, y es evidente que esa colaboración de hace unos meses no fue algo casual. Esto se nota sobre todo en los temas más reposados. Ahí es donde encontramos una joya como “Quiet Town”, donde cambian su épica de siempre por una armónica que es puro Springsteen. O esa bella “Runaway Horses”, en la que, junto con la ayuda de Phoebe Bridgers, nos cuentan la historia de una chica que llora la futura muerte de su cabello. Además de las delicada “Terrible Things” y de esa esperanzadora “The Getting By” con la que cierran el álbum. 

Que estén más contenidos no significa que no se saquen unos cuantos hits de la manga. Aunque eso sí, lo hacen acorde al resto del álbum. Así, nos dejan una estupenda “Sleepwalker”, la cual, en otro momento de su carrera, habrían llenado de pomposidad. O esa efusiva “In The Car Outside”, que, quizá, puede recordar un poco más a los The Killers más antiguos por esas guitarras tan New Order. Además de la bonita “In Another Life”.