The Handmaid’s Tale – Temporada 3

Yo soy la revolución

No hay más que mirar las noticias de los últimos meses para comprobar que el comprometido ejercicio de política ficción que hace The Handmaid’s Tale es más real de lo que nos gustaría admitir. Mencionemos la ola regresiva sobre la ley del aborto, en varias regiones de Estados Unidos -la llamada ley del latido- o que el aborto siga siendo ilegal en Argentina, en 2019. Por no hablar de la mujer que se prendió fuego en Irán tras asistir a un estadio de fútbol, disfrazada de hombre. El miedo a la pérdida de derechos civiles que denuncia esta adaptación de la novela de Margaret Atwood debería ponernos en alerta, sobre todo porque esta ficción parece tener una temible capacidad anticipatoria. Hoy es fácil ver la iconografía de la serie en manifestaciones y protestas feministas. 

En su tercera temporada, El cuento de la criada ha creado un universo que peligra con quedarse reducido a la agobiante mansión del comandante Waterford (Joseph Phienes). Pero el primer episodio, Night, elimina ese riesgo de forma contundente, reduciendo a cenizas la vivienda en la que hemos estado encerrados con la protagonista, June (Elisabeth Moss) y despidiéndose de ese pequeño microcosmos integrado por Serena Joy (Yvone Strahovski), Nick (Max Minghella) y Rita (Amanda Brugel). Ya en la entrega anterior, la historia había ampliado su espectro para hablarnos de los refugiados en Canadá, Luke (O-T Fagbenle) y Moira (Samira Wiley), a los que se une ahora Emily (Alexis Bledel).

Por otro lado, se abre una nueva vía narrativa con un personaje por descubrir, el ambiguo líder e ideólogo de Gilead, Joseph LawrenceBradley Whitford acaba de ganar un Emmy por este papel- que podría ayudar a June a descubrir dónde está su hija, Hannah (Jordana Blake).

En el primer episodio, la ficción creada por Bruce Miller demuestra su capacidad para emocionar con momentos de altísimo voltaje. Destaquemos el rescate de las aguas de Emily, junto a la recién nacida hija de June, en una escena en la que el discurso del agente canadiense que le ofrece asilo, por ser una mujer en peligro -una refugiada-, se convierte en una emocionante oración. También los aplausos que recibe Emiliy al entrar con la bebé en el hospital, cuyo sonido se solapa con la imagen de June, que se ha quedado en el infierno de Gilead. 8/10

El segundo episodio, Mary and Martha, describe la resistencia clandestina de las ‘martas’. Descubrimos una red oculta formada por estas mujeres que ocupan una clase intermedia entre las privilegiadas ‘criadas’ que pueden procrear y las prostitutas o las esclavas de las colonias. El capítulo desarrolla el planteamiento del episodio previo y nos cuenta una arriesgada misión cuyo objetivo es liberar a una ‘marta’, con conocimientos de química, lo que revela que la violencia es una opción para combatir al Estado opresor de Gilead, incluso con atentados terroristas. Por otro lado se explora la relación entre June y su nuevo señor, Joseph, personaje impredecible y por tanto, interesante. Una subtrama aporta emoción: Emily tiene problemas para aceptar que ha escapado del infierno y duda en contactar con su familia, con su pareja, Sylvia (Clea DuVall). 7/10

Useful se centra en la figura del ambiguo comandante Lawrence. Hay que decir que encontramos aquí el prematuro reencuentro entre June y Fred Waterford. Aunque es verdad que su presencia agrega tensión a la trama, que, de todos modos, se centra en un primer ‘cara a cara’ entre la criada y su nuevo comandante. La escena en la que Lawrence pide a June que le busque un libro acerca de la supuesta supremacía biológica del hombre sobre la mujer -nada menos que El descenso del hombre de Charles Darwin- es un momento tenso por la humillación que sufre ella, al estar prohibido que una mujer lea. Obviamente, Lawrence intenta llevar a June a su terreno y mostrarle la otra cara del poder, una idea interesante, la de mostrar un lado moderado de los líderes de Gilead, porque hasta ahora solo conocíamos a individuos fanáticos, débiles y sádicos, como Waterford.

En la escena clave del episodio, Lawrence coloca a June ante una decisión digna de Oscar Schlinder, en un escenario similar al de esas terribles jaulas -que hemos vistos en las noticias- en las que el Gobierno de Estados Unidos coloca a los inmigrantes mexicanos. Este momento coloca a June ante un auténtico desafío moral y tiene un mensaje claro: por difíciles que sean las cosas, huir de la realidad, lamentarse y llorar, no sirve de nada. June acabará creciendo como personaje y comprometiéndose con las resistencia. La lección es que hay que sobrevivir y luego luchar. Parte de este crecimiento es tener la bondad de ayudar y consolar a Serena Joy, que en una trama paralela vive un auténtico descenso a los infiernos tras la pérdida de su ‘hija’, de la mano de una madre castradora (Laila Robins). 7/10

Episodio algo estático en términos narrativos, GodBlessthe Child, aborda dos temas principales, el de la religión y el de la maternidad. Lo primero se refiere a la religión organizada como forma de dominio social. Varios bautizos ocurren durante la trama: el de Hannah a través de un flashback, el de varios bebés de Gilead y finalmente, el de la segunda hija de June, en Canadá.

En el primero, la madre de June, anticlerical, se queja de la Iglesia, discurso que se contrapone al de un verdadero Estado religioso, el de Gilead, absolutamente fascista y fundamentalista. Luego, un sacerdote canadiense estará dispuesto a bautizar a la bebé irregular de June al enterarse de sus circunstancias. Este nuevo bautizo reivindica el valor social y humano del rito del bautismo, y como una forma de dar gracias a un Dios que no necesita intermediarios. Luego, el tema de la maternidad, se proyecta en varios personajes que viven de forma dramática la separación con respecto a sus hijos. Principalmente, June, claro, pero también Serena Joy -con la que la protagonista sigue intentando crear una alianza feminista- además de Janine (Madeline Brewer), y el reencuentro de Emily con su hijo en Canadá, en una situación especialmente dolorosa. Luego está el reverso oscuro de la madre, la tía Lydia (Ann Dowd), que, como cualquiera que tenga poder, le da salida a sus frustraciones con los más débiles. Hay que fijarse bien en este episodio porque es una buena muestra de cómo The Handmaid’s Tale puede ser la serie más cuidada visualmente: atención a la fotografía, la luz, los colores. 6/10

UnknownCaller evidencia un pequeño defecto argumental, al menos esa es mi opinión, en los primeros episodios de esta tercera temporada de The Handmaid’s Tale. La decisión de destruir la casa de los Waterford y sacar de allí a June prometía un soplo de aire fresco a una ficción que se había caracterizado por ser claustrofóbica, pero también repetitiva. El problema es que tras separar a June de Fred y Serena, el guión no hace más que buscar excusas para reunirles de nuevo. Me parece innecesario. A pesar de este defecto de forma, los guionistas siguen ofreciendo situaciones muy emocionantes. Aquí Serena cobra protagonismo al convertirse prácticamente en una víctima -como June- del patriarcado fascista de Gilead. El dolor por la pérdida de su hija nos hace compadecernos con ella, a pesar de que podemos entender perfectamente el rencor que siente Luke hacia Serena. La escena que comparten estos dos personajes en el clímax del episodio es compleja, tensa y muy potente.

Antes hemos visto cómo June y Serena se ayudan de nuevo; también se profundiza en la relación, todavía por explorar, entre Joseph y Eleanor (Julie Dretzin). El recurso de utilizar canciones pop dentro del universo sombrío de la serie es novedoso e interesante, lo que lleva a otro momento emocionalmente intenso, cuando Luke escucha el mensaje que ha conseguido hacerle llegar June a Canadá. El desenlace anuncia nuevos momentos de pesadilla fascista para ella. 8/10

Household es ciencia ficción o más bien, política ficción distópica en toda regla. Un viaje a Washington permite imágenes poderosas como la estatua de Lincoln decapitada o el obelisco convertido en una cruz que ni la del Valle de los Caídos, en una plaza emblemática de la historia política  estadounidense donde se han producido discursos importantes. Mencionemos también la imagen de cientos de criadas de rojo alineadas según la imaginería nazi. Hay también momentos terroríficos, como la llegada a la capital, con una fotografía oscura; o la revelación de esas criadas a las que han anillado la boca para silenciarlas. El guión expande nuestro conocimiento del mundo que dibuja la serie y aunque hasta ahora Canadá parecía un refugio progresista, aquí se revela que sus políticos, o los suizos, no están dispuestos a hacer nada para evitar la opresión en Gilead. Por otro lado, Nick vuelve a ser ese personaje misterioso del que no sabemos qué pensar. Y atención a los apuntes sobre el poder en Washington: los privilegios de tener sirvientas y muchos niños, o la hipocresía apuntada en las manos demasiado largas del líder George Winslow (Christopher Meloni). 9/10

Under His Eye habla de resistencia y supervivencia. El argumento se divide en tres tramas. En Gilead, June soporta a duras penas la represión de un Estado asesino que la obliga a participar en terribles ejecuciones. Debe enfrentarse además a una traidora, DeMatthew (Ashleigh LaThrop) fiel al régimen. June intentará, una vez más, ver a su hija Hannah. Pero el destino se muestra cruel con ella -resaltemos el momento en el que debe conformarse con escuchar las voces infantiles detrás de un muro- en una trama que parece pensada para llevar al personaje al límite: cuando explota y agrede a DeMatthew. La historia no progresa mucho pero sirve para profundizar en el personaje de Eleanor y en sus conflictos.

Por otro lado, en Washington, Serena lucha por recuperar a su hija y para ello debe ascender en la jerarquía de Gilead, lo que da pie a conoce la otra parte de esta sociedad ficticia, la de los privilegiados y los poderosos, que se pavonean en una espectacular escena de baile que evoca la nobleza del pasado. Por último la trama internacional nos muestra que Emily puede ser vista como una criminal por resistirse al fascismo en Gilead. Pero ahora está en Canadá, donde, a pesar de las libertades, acabará en prisión junto a Moira (Samira Wiley) por hacerle un escrache a un ministro. 8/10

En Unfit, la temporada busca respirar de sus temas y escenarios habituales con un breve viaje al pasado vía flashbacks para conocer mejor a la tía Lydia. Sus antecedentes sorprenden -era una estupenda profesora- aunque encajan perfectamente con lo que sabemos de ella y con su papel a cargo de las criadas. Otros elementos de su personalidad anticipan, por supuesto, su futuro en Gilead: su religiosidad y sobre todo un trauma represivo que le impide ser feliz, que la condena a la soledad y que genera un rencor que la convierte en una pieza perfecta del engranaje opresor y delator del fascismo. La historia de Lydia se intercala con una divertida y cruel trama, cercana al humor negro en la que June lidera silenciosamente a las otras criadas para destruir a la chivata de DeMatthew. Una subtrama que goza de una realización dinámica firmada por Mike Barker con momentos estupendos como el rondo acusador de las criadas, hermosos como el plano cenital de las criadas consolando a la que acaba de perder un niño, y dignos de una película de acción como cuando a DeMatthew se le va la olla. 8/10

Heroic es lo que suele conocerse como un ‘episodio embotellado’, termino que se refiere a las entregas de una ficción que ocurren en un solo escenario. Según la leyenda, esto ocurría cuando los productores de una serie anunciaban a sus guionistas que se habían quedado sin presupuesto, y exigían a los escritores un episodio barato. Muchas series actuales suelen intercalar capítulos en los que se reducen escenarios y personajes, para invertir sus recursos en dos o tres entregas espectaculares. Pero creo que las series verdaderamente buenas afrontan los episodios ‘embotellados’ como un reto creativo en el que demostrar su calidad dramática.

En Heroic, June no abandona nunca el hospital en el que mantienen con vida a DeMatthew, castigada por la tía Lydia a cuidar de su compañera de paseos. Esta penitencia -debe estar de rodillas- enloquece a June, lo que lleva a una mayor presencia de su voz en off y a un divertido juego, leitmotiv, con el tema Heaven Is a Place on Earth de Belinda Carlisle. El capítulo triunfa al llevar a la protagonista al límite de su cordura, para justificar una nueva decisión que puede tener una gran repercusión en la serie: la de salvar a todos los niños posibles. Pero el argumento peca de traer hasta June a otros personajes sin demasiada justificación: es lógico ver a la tía Lydia, pero que se pasen por ahí Serena Joy y Janine (Madeline Brewer) parece más forzado, aunque, en un giro ingenioso, intercambie roles con esta última. La fotografía, el diseño de producción y vestuario, vuelven a ser, como siempre, impresionantes. 7/10

Bear Witness es un episodio que aprovecha por fin el impulso de las líneas argumentales planteadas. Lo difícil en The Handmaid´s Tale era crear ese mundo terrible, fascista y machista en el que hemos estado durante 33 episodios. La descripción de ese futuro distópico es, en gran medida, la esencia de la serie. Luego está el desarrollo de los personajes, la evolución, por ejemplo, de June o de Serena Joy: sus actitudes han ido cambiando a lo largo de la trama.

Esta temporada, además, se han planteado argumentos que ahora, finalmente, comienzan a desarrollarse. June está decidida a convertirse en una rebelde, incluso en una terrorista, y su esfuerzo ahora es liberar a los niños de Gilead. A todos los que pueda. Serena Joy desea recuperar a su hija, aunque eso signifique destruir Gilead. El comandante Waterford, en cambio, acumulaba cada vez más poder político y es ahora cuando descubrimos sus motivos: vengarse de June.

El capítulo plantea la visita del comandante Winslow, de Waterford, Serena y la tía Lydia para supervisar que el comandante Lawrence cumple con su obligación de procrear con su criada. Es un momento de encrucijada para Lawrence y su desequilibrada mujer Eleanor. Un momento tenso que lleva a Lawrence a decidirse finalmente por la ‘causa’ de June. Bear Witness es un giro argumental que impulsa la historia hacia el desenlace de esta tercera temporada. 7/10

Liars funciona como una revenge movie. Se puede decir que es un revenge episode que recoge todas las frustraciones y vejaciones que ha sufrido June durante tres temporadas para hacerlas desembocar en un acto violento que solo podemos entender como justicia, primaria, sí, pero asumible moralmente desde la defensa propia. June evita ser violada, de nuevo, por el comandante Winslow, matándolo. Una acción que no tiene vuelta atrás. June se encuentra en un camino sin retorno, como demuestra ese plano final en el que recibe un arma del comandante Lawrence. El episodio planteaba una misión imposible o suicida para June: la de sacar de Gilead a 52 niños. Paralelamente, el espectador goza de otra venganza: cuando parece que el comandante Waterford va a recuperar el amor de Serena Joy -maravillosamente irónica la escena en la que permite que ella conduzca, clara demostración de su machismo- descubrimos que ha sido traicionado y que pagará en Canadá por sus actos criminales. 8/10

La esperanza es un elemento novedoso en la oscuridad que ha presentado The Handmaid´s Tale en sus tres temporadas. Aparece esta en Sacrifice, penúltimo capítulo que nos va preparando para el clímax y que nos hace pensar que June podrá escapar realmente con los niños de Gilead. Incluso un revés trágico como la muerte de Eleanor, se revela beneficioso para el éxito de la fuga. Lo que puede ser un comentario sobre el envilecimiento moral que debe sufrir June para conseguir su revolución y lograr la libertad -sobre todo de las mujeres-. La criada, hasta cierto punto, parece sentir alivio e incluso satisfacción por la muerte de la desequilibrada Eleanor. Además, el asesinato de Winslow no ha despertado sospechas y la detención de Lawrence en Canadá devuelve el poder perdido a Lawrence. Todo parece a favor de un final feliz. Incluso podemos llegar a pensar que Waterford será castigado en prisión y presenciamos el puñetazo de justicia que le propina Luke. Más compleja es la situación de Serena Joy, a la que comprendemos en su deseo de recuperar a su ‘hija’, pero también entendemos el odio con el que la recrimina Moira. 7/10

Mayday reincide en esta línea de esperanza ascendente y nos coloca en la incómoda situación de esperar que el plan de sacar a los 52 niños de Gilead fracase. El clímax de esta trama demuestra, una vez más, la capacidad de esta serie para provocar emociones en el espectador. Pero lo más importante es el desarrollo paralelo de los dos personajes que han compartido protagonismo esta temporada. Por un lado, el lado oscuro de Serena Joy pesa más en la balanza de la justicia y es castigada por las autoridades canadienses por sus pecados y abusos en Gilead, eso, a pesar de que sintamos pena por ella en su dolor como ‘madre’ que sufre la separación de su hija, por muy paradójico que esto pueda ser. En cuanto al personaje principal de The Handmaid´s Tale, se confirma la evolución como heroína, entre mártir y revolucionaria de June, que se convierte finalmente en la líder de criadas y ‘martas’. Eso sí, el coste es grave: para conseguir sus objetivos, June debe ser implacable. Habrá que ver si las muertes en su conciencia -aunque justificables- le pasan factura en una progresión dramática que puede ser muy interesante. El relato acaba, completamente abierto, de cara a una cuarta temporada, que seguramente veremos. 8/10