La segunda temporada de The Handmaid´s Tale (El cuento de la criada) es posiblemente la mejor ficción televisiva del año. Un drama que en algunos episodios alcanza una intensidad que pocas veces he visto en la pequeña pantalla. Sus inteligentes guiones plantean cuestiones muy serias sobre la democracia, el fascismo, la libertad, la religión, los derechos civiles y, sobre todo, el feminismo. El front runner Bruce Miller se hace acompañar por un equipo de mujeres guionistas que expresan muy bien los miedos y anhelos femeninos. En esta segunda entrega, al desembarazarse de la adaptación literaria del texto de Margaret Atwood, pero manteniéndose fiel a sus intenciones, la serie gana agilidad, la narración es mucho más visual y se aligera del peso de la voz en off de la protagonista, lo que también puede significar la pérdida de esa intimidad que nos hermanaba con Defred/Ofred. Pero esto precisamente abre el espectro a otros personajes, que ganan enteros, especialmente el de Serena Joy, sin duda el gran hallazgo de esta temporada. Tengo que alabar la valentía de los autores al arriesgarse con momentos muy duros, algunos casi insoportables y otros tremendamente oscuros, en una serie que considero necesaria. Paso a comentar cada episodio, eso sí, con spoilers.

June es un soberbio episodio que funciona como reflejo, como eco, del primer capítulo de la serie, Offred -Defred, en castellano-. Los dos capítulos tienen el mismo tono de pesadilla distópica, de película de terror, en el que la mujer es la víctima de vejaciones y torturas, que aquí son todavía más crueles. Los dos capítulos giran alrededor del nombre de la protagonista interpretada por Elisabeth Moss: si en el primero había sumisión en la aceptación del apelativo otorgado por la sociedad fascista y machista que plantea la serie, ahora, la recuperación del nombre real, June, es una declaración de intenciones. Estamos ante el primer momento de una rebelión y eso resulta estimulante. Eso sí, la lucha por la libertad conlleva sacrificio y derramamiento de sangre, idea manifiesta en una escena muy gore -casi insoportable- en la que Offred mutila su propia oreja para extraer un dispositivo de localización. Creo que este episodio sería un final perfecto para la serie, cerrando el círculo abierto con aquella primera entrega, pero también invita a seguir viendo esta ficción que se atreve a continuar la historia original de Margaret Atwood, quien, por cierto, nunca estableció el verdadero nombre de Offred. 9/10
Unwomen reincide en el tono terrorífico, pero presenta la primera innovación de esta segunda temporada: aparece una subtrama protagonizada por Emily (Alexis Bledel). Esto significa la pérdida de la claustrofóbica subjetividad que caracterizaba la serie y la novela original. Saber solo lo que sabía Offred, no conocer el mundo exterior, era sin duda agobiante. Aquí se rompe el punto de vista para mostrarnos, por primera vez, lo que ocurre en las temibles colonias, que hasta ahora solo conocíamos por referencia. Emily protagoniza también los acostumbrados y aterradores flashbacks en los que vemos cómo los derechos civiles se van perdiendo poco a poco, en este caso, los de los homosexuales. Mientras tanto, Defred se mantiene oculta y el lugar elegido para su primer escondite resuena con fuerza: nada menos que las instalaciones del Boston Globe, baluarte del buen periodismo, de la libertad de prensa y azote de Trump -recordemos la oscarizada Spotlight (2015)-. Mencionemos apariciones breves de actores de la talla de Marisa Tomei y John Carroll Lynch y critiquemos una escena de sexo algo exagerada. La trágica historia de Emily, separada de su hija, hace de este un episodio devastador y anticipa la polémica reciente en EE.UU sobre la separación de sus padres que sufren los menores inmigrantes. 8/10

Baggage devuelve la historia a la subjetividad de June, con un episodio agobiante en el que la protagonista se convierte en fugitiva y en una suerte de refugiada, de inmigrante ilegal, en su propio país. Si pensamos que esto se debe, simplemente, a que es una mujer, queda clara la fuerza de esta serie. Hay, sin embargo, breves rupturas del punto de vista que nos muestran que, los que viven en Canadá, gozan de una vida “normal” de libertades civiles. La presentación de estas escenas, en un estado de libertad y bienestar, no solo sirven para explicar lo que le espera a June si logra cruzar la frontera, también son una llamada de atención a nuestras condiciones de vida con respecto a otros países en los que las libertades -sobre todo de mujeres y homosexuales- están limitadas. The Handmaid´s Tale es una llamada constante a la conciencia del espectador: los flashbacks muestran el divorcio entre la madre de June (Cherry Jones) y su hija. La primera es una activista feminista muy comprometida que se avergüenza de la actitud pasiva y cómoda de June, lo que obviamente nos lleva a cuestionar nuestras posturas. ¿Hacemos lo suficiente para evitar la erosión de nuestros derechos? Mencionemos también cómo esta serie no da puntada sin hilo: el momento en el que la protagonista encuentra una señal de tráfico que lleva a Salem, localidad famosa por sus juicios por supuesta brujería, la mayoría contra mujeres, algunas ejecutadas por ahorcamiento. 8/10

Other Women es un regreso en varios sentidos. Primero, June vuelve a la terrorífica casa de Fred Waterford (Joseph Fiennes), lo que, no se percibe como un retroceso argumental, sino como una dolorosa vuelta a las vejaciones, a las humillaciones, al hábito de las criadas y al nombre falso de Defred. Esto nos devuelve también la sensación de claustrofobia, y, en cierto sentido, parece recuperarse el punto de vista de la protagonista. Pero no es así. Aunque en ciertos momentos del episodio escucharemos de nuevo su voz en off, la narración pasa de la primera persona a la tercera. Ahora vemos a June desde fuera y no estamos informados de sus estrategias de supervivencia. Sus pequeños desafíos a la autoridad, por tanto, nos sorprenden igual que a los demás, especialmente a la tía Lydia (Ann Dowd) que pasa a formar parte del ecosistema de la casa y deviene prácticamente en el personaje principal del episodio. La casa de los Wateford ha cambiado: Serena Joy (Yvonne Strahovski) ahora es mucho más agresiva e incluso violenta. La escena más tensa es sin duda la del terrorífico baby shower. La serie apunta, además, cómo la culpa, la falsa moral y la hipocresía social formaban parte de la vida de June en el pasado. Los flashbacks de este episodio nos muestran los problemas que tuvo June con la exmujer de Luke (O-T Fagbenie). Problemas que la hicieron sentirse culpable, aunque no lo fuera. La directora Kari Skogland, en la escena final del capítulo, encuadra a June/Defred de espaldas. Nos escatima la visión de su rostro, para que no sepamos qué cambio se ha obrado en su interior. Entonces escuchamos de nuevo su voz en off repitiendo “soy culpable” como un destructivo mantra. 8/10

Seeds trata sobre la esperanza. Por un lado, June/Defred, embarazada, descubre que sangra y decide dejarse llevar. Perder ese bebé significa perderlo todo. Las ganas de luchar de la protagonista se esfuman tras presenciar una “boda” en la que Nick (Max Mighella) es casado con una menor de edad, lo que agrega varias capaz de incomodidad a la terrible sociedad de Gilead -pero recordemos que, actualmente, al menos en la India, se siguen celebrando estos matrimonios concertados-. Paralelamente, en las colonias, Emily sufre una desesperación similar, que contrasta con el optimismo demente de Janine (Madeline Brewer). Las dos tramas se conectan porque en las colonias también se produce una boda, diametralmente opuesta: esta es voluntaria, movida por el amor más puro, entre dos condenadas, cuando una de ellas está a punto de morir, su organismo exhausto y contaminado por las duras condiciones de los trabajos forzados. Esa boda es un absurdo gesto de rebeldía ante la opresión, de una tristeza insoportable. 8/10

First Blood me parece un giro muy interesante en la serie. La primera temporada establecía una dinámica muy clara entre los personajes oprimidos -June/Defred- y los opresores -Serena Joy y el comandante Waterford- que en líneas generales los situaba como “buenos” y “malos”. Pero en este episodio, las circunstancias -el embarazo de riesgo de la protagonista- obliga a esos personajes a aliarse por un fin común. Y esto los matiza. Son escenas incómodas -que remiten a los vientres de alquiler- en las que se maneja muy bien el esfuerzo que hacen los personajes por llevarse bien. En un apunte humanista sorprendente dentro del tono desencantado predominante en esta ficción, se vislumbran aspectos piadosos en los que detentan el poder. Se revela también la capacidad de June de manipular y fingir para conseguir un objetivo -justificado- como es reencontrarse con su hija Hannah. Todo esto desemboca en un momento estupendo en el que Serena Joy le niega la posibilidad de ver a su hija: sus palabras son las de la maligna déspota que conocemos, pero sus lágrimas parecen ser las de una mujer que entiende el dolor de una madre. Esto se refuerza con unos flashbacks sobre el pasado de Serena Joy, que nos obligan a ponernos parcialmente de su lado, a pesar de sus ideas extremistas y machistas. Verla sufrir los insultos, agresiones -y hasta los disparos- de los fanáticos del bando opuesto -aunque estos defiendan la libertad, la igualdad y los derechos humanos- la convierte automáticamente en víctima. Significativo el detalle de que Serena Joy decida llamar “terroristas” a sus agresores. Mencionemos, además, la escena en la que Nick decide consumar su matrimonio concertado con una menor, Eden (Sydney Sweeney), que me parece excesiva. Pero hay que alabar la voluntad de riesgo. 9/10

After, como indica su nombre, es un episodio de transición que narra las consecuencias del final explosivo del capítulo anterior y sienta las bases argumentales de lo que se va a desarrollar en próximas entregas. El final, precisamente, es un cliffhanger que anuncia la colaboración entre June/Defred -que recupera parte de su identidad personal- Serena Joy y Nick, por un interés común, el niño que lleva la criada en su vientre. Este desarrollo es meramente funcional, lo que no quiere decir que este capítulo esté exento de momentos interesantes. Apuntemos primero la idea arriesgada de que un atentado suicida sea perpetrado por los personajes positivos. Que los “terroristas” sean los “buenos”. Luego, el flashback dedicado a Moira (Samira Wiley), que aborda un tema delicado como el vientre de alquiler y apuesta valientemente por el derecho de ella a ser dueña de su cuerpo. El trámite de entregar al bebé es duro, sin duda, pero tiene una “recompensa” en la relación sentimental que luego establece con la doctora (Rebecca Rittenhouse). Luego hay un manejo excelente de la incógnita sobre la posible muerte de Fred Waterford y una escena emocionante en la que las criadas intercambian, en voz baja, sus nombres verdaderos. 7/10

Women’s Work. Máxima intensidad emocional en este episodio que fabrica una situación casi insoportable: peligra la salud del bebé biológico de la desequilibrada Janine, lo que obliga a trabajar juntas a June y a Serena Joy. Incluso aparece como apoyo emocional la tía Lydia -el defecto perdonable esta temporada es la búsqueda de excusas para incluir en la acción a esa gran actriz que es Ann Dowd-. La secuencia funciona como una escalada emocional, en la que a la preocupación por la vida de un bebé se añade la tensión por la posible reacción de la frágil Janine; el temor a posibles represalias de la familia de la cría; la identificación con las lágrimas de estupendas actrices como Dowd, Elisabeth Moss e Yvonne Strahovski. Sumemos a esto una subtrama indignante, la de la doctora experta en neonatos, la mejor de su país, que ahora es una simple Marta. Paradójicamente, aunque el guión propone que los protagonistas se saltan las reglas de una sociedad retrógada para salvar la vida del bebé, esta queda, finalmente, en manos del destino… o de Dios. Todo esto nos habla, en el fondo, de una solidaridad entre mujeres -June y Serena Joy- aunque estén en bandos diferentes. Ambas se enfrentarán al comandante Waterford, que castiga físicamente a Serena Joy en otro momento difícil de soportar. La indignación ante la injusticia es uno de los motores de esta serie. En el mismo sentido, vemos cómo Nick (Max Minghella) se enfrenta a su ‘esposa’ -Eden (Sydney Sweeney)-. Aunque Nick se comporta así por una buena causa, para evitar que la ‘resistencia’ sea descubierta, no deja de ser un hombre imponiéndose a una mujer. Lo que parece decirnos, también, que el que tiene el poder, lo acaba usando. 9/10

Smart Power comienza con la imagen de June/Defred, sola, en su habitación, acompañada de la voz en off que ha caracterizado la serie, sobre todo, en la primera temporada. Pero enseguida ese punto de vista intimista se rompe para contarnos un más que interesante viaje a Canadá, en misión diplomática, de Waterford y Serena Joy. El argumento juega de nuevo con la idea de cómo en países con más libertades hacemos la vista gorda con respecto a regímenes que limitan los derechos de mujeres, homosexuales o minorías raciales y religiosas. Así, Serena Joy viste ropas que cubren su cuerpo casi en su totalidad mientras ve a personas besarse libremente en las calles canadienses. La delegación de Gilead se enfrenta a protestas y críticas, en lo que parece una referencia a los recibimientos en países extranjeros a Donald y Melania Trump. Es interesante aquí el papel de Serena Joy, tentada por rebeldes del antiguo gobierno estadounidense y acusada de traicionar a su verdadero país, idea reforzada cuando los exiliados entonan America the Beautiful, canción patriótica, himno no oficial del país. Veremos así a personajes como Luke (O-T Fagbenle) y Moira (Samira Wiley), marido y amiga de June, luchando desde fuera contra el fascismo en su país. Aquí se resuelve, finalmente, la subtrama de las cartas de las mujeres de Gilead, que ha guardado pacientemente June. Ocurren cosas importantes en este episodio, como el cara a cara entre Luke y Waterford, o entre el primero y Nick. No abandonamos del todo Gilead, en una trama menor, que reincide en la tortura psicológica que sufre June -Serena Joy le anuncia que le quitará el niño nada más nacer- y en su búsqueda de una solidaridad femenina ante la opresión machista. Esa búsqueda de ‘madrinas’ que cuiden de su hija, cuando ella ya no esté. 8/10

The Last Ceremony es probablemente lo más duro que se ha visto nunca en televisión. La primera escena es la de una violación, protagonizada por Emily, efectiva porque consigue ser incómoda sin ser gráfica. Pero no es más que el comienzo. Tras un episodio casi cómico en el que creemos que June va a parir -es una falsa alarma, las célebres contracciones de Braxton Hicks– presenciamos una escena prácticamente insoportable, en la que Wateford viola, con la sádica complicidad de Serena Joy, a una embarazada June. Hay que decir que, si pensamos que no se puede plasmar un acto tan repudiable como una violación de una forma superficial, este momento dirigido por Jeremey Podeswa -recordemos que dirigió, en Juego de Tronos, el episodio “Unbowed, Unbent, Unbroken”, que también incluía una polémica agresión sexual-. Tras semejante trance, más momentos dramáticos: la adolescente Eden descubre el verdadero enamoramiento y su papel como esposa de Nick; luego June se ve sometida a un dolor todavía peor: el reencuentro y la separación de su hija Hannah, uno de los momentos más esperados de la serie. El final del episodio es absolutamente desesperanzado. 9/10

Holly es posiblemente el mejor episodio que verás, de cualquier serie, al menos este año. El argumento coloca a la protagonista, June, en una situación sin salida. Aislada, sola, embarazada y muy cerca de dar a luz. Esto da lugar a una trama sin diálogos que fabrica imágenes muy poderosas -el juego cromático de la nieve muy blanca y el color rojo saturado del vestido de la criada-. La propuesta es llevar a una mujer a su esencia más primitiva, ella sola enfrentada a la naturaleza y al hombre -esa bestia- representado por ese lobo negro que aparece para acechar a June. Ella se ve obligada a sacar sus instintos más primitivos: cuando apunta con una escopeta a Serena Joy y al comandante Waterford. Pero no utilizará June esos instintos primarios para la muerte, sino para la vida. La secuencia en la que da a luz, sin ayuda, desnuda, es poderosa e imborrable. Los flashbacks sirven de asidero al espectador, para que no todo sea silencio, pero son muy inteligentes: la ironía de hacer recordar a June esos pequeños momentos en los que todos los padres debemos ser un poquito crueles con nuestros hijos, como al dejarles en el colegio, aunque lloren; o cuando la madre de June le propone un parto natural, y ella prefiere la seguridad del hospital, de la epidural y los médicos. No se imagina que tendrá que dar a luz a otra hija, a Holly, ella sola. No se imagina, ni por asomo, que es muy capaz de hacerlo. 10/10

En Postpartum, una arriesgada elipsis nos transporta a una nueva situación en la que June ha sido despojada ya de su hija recién nacida, en manos de Serena Joy. Con esto los guionistas nos dicen que era imposible escapar de Gilead, por lo que no vale la pena narrar cómo la protagonista es capturada de nuevo, lo que resulta bastante desolador. June vive el drama que muchas madres en regímenes fascistas han vivido de alguna forma u otra, el de perder a sus hijos -las madres de Plaza de Mayo en Argentina, la trama de bebés robados en España-. June es apartada de su hijo, pero en un gesto cruel, su leche materna sigue siendo necesaria para alimentar a la niña, lo que nos lleva de nuevo a esa relación de odio/dependencia entre Serena Joy y la criada. Una de las cosas que hace muy bien esta serie es fabricar escenas indignantes, duras, emocionalmente agotadoras: es el caso de la ejecución pública de dos personajes que encuentran aquí un final que remite a Romeo y Julieta. Por último, la trama se desvía para contarnos el nuevo destino de Emily, enviada a la casa de un matrimonio enigmático. 7/10

The Word cierra la segunda temporada de The Handmaid´s Tale de forma inteligente y con un clímax de pura emoción que deja todo abierto para la siguiente entrega de la serie. Aquí se revela la verdadera función del personaje de Eden: una chica joven, enfrentada al sin sentido fascista y extremista de Gilead. El destino de Eden despierta a June y la hace pensar en el futuro que le depara a su hija recién nacida. Es un mensaje importante de responsabilidad: los derechos que perdamos ahora por nuestra inacción, perjudicarán sobre todo a los que vengan después de nosotros. Entra entonces en juego un tema importante esta temporada, la solidaridad femenina. En Gilead todas las mujeres sufren la misma opresión, incluso Serena Joy, a la que June recurre de nuevo, para iniciar una pequeña revolución que le costará caro a la esposa del comandante Waterford. La solidaridad entre mujeres se expresa, de nuevo, en esa bonita secuencia que desvela una red de resistencia formada por Martas, que hacen una especie de cadena humana para ayudar a escapar a June y a su hija de chalet en chalet, a través de las verjas. Hay que decir que esta revelación sobre las Martas no deja de ser gratuita, al igual que el papel que juega Joseph Lawrence (Bradley Whitford) en la fuga de Emily -esta, por cierto, protagoniza un momento sorpresa con la tía Lidia, que solo busca el impacto-. Pero estas licencias se pueden perdonar tras un emocionante desenlace, esa difícil decisión de June, apoyada en la fantástica interpretación de Elisabeth Moss y en una música arrebatada, melodramática, pero efectiva. 8/10