8.2
Score

Final Verdict

The Goon Sax siguen dando muestras de su enorme talento en ‘Mirror II’, un disco ecléctico en el que tiran hacia muchos lados, pero en el que nunca se alejan del pop.

The Goon Sax ya no es esa joven banda de instituto obsesionada con los cortes de pelo que nos cautivó con su álbum de debut. El trío de Brisbane se ha metido de lleno en la veintena, y con este paso han entrado en un mundo nuevo, y algo más maduro. Algo que se puede apreciar en su tercer trabajo, que es mucho más extraño y ecléctico que sus predecesores. Aunque eso sí, su amor por el pop sigue presente en todas sus canciones. 

Mirror II’ tiene influencias del post-punk, de los grupos de chicas de los sesenta, del jangle-pop, o del indie-rock de los noventa. Toda una maraña de estilos que los australianos manejan a la perfección. Y es que, estamos ante una banda de lo más democrática, en la que sus tres miembros se turnan para tocar los instrumentos, para componer canciones, o para cantar. Y claro, cada uno tira hacia un lado diferente. Pero juntos, y con la ayuda de John Parish a la producción, consiguen que el conjunto funcione sin fisuras. 

The Goon Sax tienen el talento suficiente para convertir una canción que, en un principio, no tiene nada de especial, en un hit incontestable. Es lo que ocurre con “In The Stone”, el corte que abre el álbum. Su hipnótica línea de bajo, la dejadez a la hora de cantar de Louis Forster, y la oscuridad, la cual se vuelve luminosa en el estribillo, te terminan atrapando. Pero ni siquiera estamos ante lo mejor del álbum. Hay canciones que te dejan de piedra a la primera escucha. Ahí está el post-punk electrónico de “Psychic”, el cual adornan con uno de los grandes estribillos de 2021. O esa deliciosa “Tag” cercana al jangle-pop, donde dejan que los teclados vayan completamente a su bola. Además de “Desire”, en la que se meten de lleno, y con mucho atino, en el dream-pop. Estas dos últimas, por cierto, son obra de Riley Jones, que se convierte en el alma más pop de la banda. 

Sí es cierto que hay una parte del álbum en el que su propuesta no ha cambiado tanto. Son los temas que beben más de ese rock de las antípodas que tantas buenas bandas dio en los ochenta y noventa. Y la verdad es que se les sigue dando estupendamente hacer este tipo de canciones destartaladas. Las cuales, por norma general, suelen ser obra de James Harrison. “Temples” y “Carpetry” son dos buenos ejemplos. Pero ojo, que Forster está más por la labor de endurecer sus guitarras, y en un tema como “The Chance”, tira hacia un indie-rock un tanto noventero. Aunque es en “Bathwater”, y en su estribillo acelerado, donde muestra sus mejores cartas. Y es que, a ver quién se resiste a ese melódico punteo de guitarra y a esa locura de saxo que lo acompaña.