9.0
Score

Final Verdict

Este disco intemporal es una elegía sin freno. El espíritu de Bobbie Gentry parece anidar entre estos versos carnosos, llenos de misterios y pintados con la malvada suavidad y elegante sabor del rojo satén, todo equilibrado en una narrativa de calidad, bañada de country, soul y jazz.

Cuando la melodía atrapa no se suele oír, se escucha. Y cuando se repite la escucha, la voz de Amy Boone sirve las desgracias como el más sufrido de los blues; a su vez, la trompeta de Cory Gray ayuda, y mucho, a que se claven en el pecho. Una cicatriz más para el audiófilo. Las imágenes se disparan. La canción que abre Little Earl«, mediante primorosos arreglos de viento y teclados, empuja la fluidez del relato, en labios de la trovadora jazzy. En la voz cadenciosa de Boone sabemos que Earl conduce el auto de su tío sin saber qué hacer, empieza la huida, con su hermano herido en el asiento trasero, estableciendo así el tono melancólico, pesaroso si se quiere, del álbum.

En el mundo literario del novelista, guitarrista y compositor Willy Vlautin cohabita un cinematógrafo. Resulta evidente. Quien conozca el Sur de Estados Unidos, aunque solo sea por prestar atención a los enormes espacios y centros urbanos reducidos que aparecen en films y series de televisión. Escenarios por los que discurren las tramas y personajes sin pauta, sin brújula emocional, que los arraigue a algo más que un coche desvencijado con el que van dando tumbos. El imaginario del líder del grupo viaja hasta Galveston para recorrer así parte de la costa del Golfo de México.

La banda cuenta con dos sospechosos habituales: Sean Oldham, percusión, y Freddy Trujillo, al bajo. En la grabación participan otros músicos, a destacar el trío de cuerda. Como en anteriores ocasiones, John Morgan Askew repite como productor, con espléndidos resultados, pues realza voz e instrumentación en función de las emociones. El carácter cinemático de los arreglos alimenta cada nota, cosa que enriquece y particulariza cada verso, construyendo imágenes que subrayan los hechos que se narran.

Galveston que vive del turismo es un punto más en el mapa de Texas. Como ficción, “Galveston” es el título de la primera novela neo-noir de Nic Pizzolatto (Scribner’s, 2010; Salamandra, 2014), que después fue el creador y director de la serie “True Detective” (HBO, 2014). En 2018, tuvo una traducción más bien pobre a la pantalla grande A tenor de todo ello, la ciudad de la gran noria se antoja un lugar de almas anónimas al borde de la colisión permanente.

SeaDrift, escrito junto, también es una localización marítima de Texas con su propio historial de incidentes violentos. Escrito separado admite otras acepciones como “restos flotantes”. La lírica parece apuntar en ambas direcciones, que conducen al crepitar del alma, al infierno de vidas sin sentido, cuya espoleta emocional suele ser el abuso de la soledad, provocado por el ruido social de los bares y los matrimonios no deseados. El colectivo falla y los conflictos estallan. Las personas como individuos se suben a la montaña rusa del no saber qué hacer con sus vidas.

Las melodías placenteras provocan el efecto contrario en los versos que encierran una oscuridad falsamente acogedora, que bucea en estampas de personajes que intentan salir adelante en un mundo sin norte. Las cálidas sonoridades pueden resultar crueles con respecto a las letras. El rumor de las voces lo hace todavía más lúgubre. Cosa que no quita, bien al contrario, que el álbum sea un excelente repositorio del cancionero de americana, como en Drowning In Plain Sight”, en que la banda rodea la sugerente voz de Boone. Cosa similar pasa en This Ain’t No Getaway”, en la que la vocalista señala que no hay salida… “Surfers In Twilight” y «All Along the Ride” son otros retratos y miradas femeninos, en que la esperanza se resume en restos flotantes… humanos. En «Hold me slow», la voz femenina suelta: “I feel so good but I just been hanging on”. Supuestamente es una canción de amor… La admirable y perfilada voz de Amy Boone proporciona un abanico de contrastes para ilustrar un almanaque desolador.

Si en el pasado The Delines han firmado “Colfax” (2014) y “The Imperial” (2019) con “Sea Drift” se han superado. El cierre con “The Gulf Drift Lament” es exquisito. Este disco intemporal es una elegía sin freno. El espíritu de Bobbie Gentry parece anidar entre estos versos carnosos, llenos de misterios y pintados con la malvada suavidad y elegante sabor del rojo satén, todo equilibrado en una narrativa de calidad, bañada de country, soul y jazz.

PD: El CD incluye cinco bonus tracks: I Always Meant to Go Back Home, Little Earl (versión de cuerdas), All Along the Ride (solo para piano), Lately I’ve Been Going Down y Myrna & McCaughey.