7.2
Score

Final Verdict

The Decemberists se exceden un poco en ‘As It Ever Was, So It Will Be Again’, un disco dividido en cuatro partes que funciona mejor cuando sacan a paseo su faceta más pop. En cualquier caso, no es un mal regreso.

The Decemberists han dejado pasar demasiado tiempo entre disco y disco. Tanto, que algunos ni nos acordábamos de que ese ‘I’ll Be Your Girl’ de 2018 estaba inspirado en el sonido de bandas como Depeche Mode y New Order. Además, tampoco se han prodigado mucho en directo. Y mucho menos en Europa, donde solo vienen muy de vez en cuando. Así que no se pueden quejar si, tras seis años y una pandemia de por medio, muchos creíamos que habían pasado a mejor vida. Pero no, estábamos equivocados, porque la banda de Colin Meloy sigue muy viva y lo demuestran facturando un nuevo trabajo lleno de épica que, además, es el más largo de toda su discografía.

As It Ever Was, So It Will Be Again’ es trabajo dividido en cuatro partes temáticas en las que abordar temas como el capitalismo, el patriotismo confuso, o la crisis de los opiáceos que vive Estados Unidos. Todo muy de buen rollo, como podéis comprobar. Pero esta división no solo es en la temática del disco, también en su sonido. El noveno trabajo de The Decemberists es una vuelta a su pop-rock con tintes de folk. Aunque sí se podría decir que lo atacan de unas cuantas formas diferentes. Y claro, unas veces aciertan más, y otras menos.

La primera parte del disco está representada por la faceta más pop de la banda. De hecho, se abre con “Burial Ground”, toda una delicia canción marcada por unas guitarras a lo The Byrds y unas trompetas luminosas. Además de los coros de James Mercer de The Shins, que le dan un toque Beach Boys al tema. Tras ella, aparecen los The Decemberists más étnicos en la festiva “Oh No!”, una composición que no desentonaría en una película de Emir Kusturica. De ahí pasan a un folk más épico en “The Reapers”, una canción un tanto intensa en el que dan protagonismo a una flauta. Afortunadamente, antes de dejar atrás esta primera parte, entregan “Long White Veil”, un estupendo tema donde las guitarras vuelven a brillar y el estribillo vuelve a irse al pop.

La segunda parte es la más floja del álbum. Aquí deciden irse hacia un folk intimista que tiene como protagonista una guitarra acústica. Cuatro temas en los que no hay batería y donde los únicos adornos proceden de alguna steel-guitar que se cuela por ahí. Además de algún instrumento de cuerda. Una faceta que manejan bien, pero que empacha un poco si la entregan toda a la vez. Porque, la verdad, excepto la serena y sombría “Don’t Go to the Woods”, y la delicada “All I Want Is You”, hay poco donde rascar aquí. Lo bueno es que, para la tercera parte, descubren que existe una cosa que se llama pedal de distorsión y entregan un estupendo tema de rock como es “Born to the Morning”; un himno de chamber-pop llamado “America Made Me”, y la preciosa y melancólica “Tell Me What’s On Your Mind”.

Lo más curioso del disco de es que la cuarta parte está formada por una sola canción. Pero claro, estamos hablando de una que se va a los 19 minutos. “Join In The Garden” es una epopeya musical inspirada en Juana de Arco en la que hay un poco de todo. Tenemos unos primeros minutos que empiezan de forma relajada y que van subiendo de intensidad hasta convertirse en un rock sintético de lo más épico. Tras el subidón, llega la calma con cinco minutos instrumentales que, la verdad, se podrían haber ahorrado. Aunque sí es cierto que es el preludio perfecto para el último tramo de canción, donde entra en juego un rock progresivo y potente que parece salido de un disco de Rush.