The Cure pueden permitirse colgar el sold out en el Sant Jordi con mas de 17000 entradas vendidas meses antes de la fecha del concierto, todo ello 46 años después de iniciar su andadura como banda, sin trabajo nuevo publicado desde el 2008, a pesar que ésta gira, teóricamente, era para presentar esa ya mítica nueva entrega tantas veces anunciada e incluso repitiendo con The Twilight Sad, como  excelente telonero, al igual que en la última presencia de hace seis años.

Y en esa prueba de resistencia que siempre supone un concierto The Cure los adeptos asistentes obtuvieron 28 canciones en  2h 45m  de duración (en comparación con las casi 40 canciones que interpretaron en el 2008, las 32 de la última visita en el  2016  o las inolvidables tres horas largas del Primavera Sound del 2012 donde destrozaron las normas básicas conductuales de cualquier festival),  por tanto, se mantuvo una vez más la merecida fama, siendo la única duda trascendental que podía existir la del setlist elegido para la ocasión, entre las casi 50 canciones que se han ido alternando en los conciertos previos de la gira.

Pero no nos engañemos por los fríos datos, asistimos nuevamente a un gran concierto de Robert Smith y sus habituales secuaces, que nos demostraron, por cierto, que efectivamente en el Sant Jordi también se puede obtener y, ofrecer al público un esplendido sonido.  

El concierto, como la gira en general,  con un repertorio oscuro, denso, lento, hipnótico pero apasionado, en un claro beneficio y para mayor satisfacción de los seguidores primigenios de la banda, con predominancia de temas pertenecientes a  Seventeen Seconds, The Head On the Door y Disintegration. 

Se inició con “Alone”, uno de los temas nuevos, el cual quizás no sea el mejor tema para iniciar un concierto cuando tienes al público ansioso por escuchar los temas de siempre. Pero “Pictures of You”, “A Night Like This” o “Lovesong”, inmediatamente después, provocaron que ese pequeño desliz no se tuviera en cuenta.

A continuación, otra de las nuevas, la espectral  “And Nothing is Forever” seguida de  “Burn” la canción compuesta para la banda sonora de The Crow, que nos adentraron en uno de los dos momentos álgidos del concierto, éste primero, dedicado indefectiblemente a los viejos e iniciáticos seguidores de toda la vida de esa atmosfera depresiva, gótica o siniestra que atesoraban los principios de la banda y, que sirvieron para que  Simon Gallup exhibiera galones y músculo.  Se encadenaron  “At Night”, la habitual en casi todas las giras “A Strange Day”, las pletóricas “Shake Dog Shake” y “Push” , la atropellada “Play For Today” y la inevitablemente  excelsa “A Forest” ( según Robert Smith, en diversas entrevistas, su canción preferida), todas ellas publicadas en los albores de los tiempos, la primera mitad de los 80.

El concierto, propiamente dicho, finalizó con una versión un punto enredada y extraña de “From the Edge of Deep Green Sea” y con otras dos de las nuevas propuestas, “A Fragile Thing” y “Endsong”, retomándose el inicio de los bises con otro  de los nuevos temas “I Can Never Say Goodbye,” dedicada al fallecido hermano de Robert Smith.

Indicar, para los ansiosos, que los nuevos temas, pertenecientes al trabajo pendiente de publicar que se rumorea que ya se encuentra cerca de batir el record mundial del álbum mas anunciado con antelación de la historia, cuatro de ellos, hubieran tenido una estupenda cabida en el álbum Disintegration, siendo la única nota de distorsión “A Fragile Thing”, que tiene quizás un aire mucho mas ochentero. Esperaremos al 2023, sin desfallecer, para corroborar.

 Respecto de la mejor canción del concierto, el que suscribe, se quedaría con “Disintegration”, última canción del primer bis. Desgarradora y agónica con un Robert Smith sensacional en sus habituales agudos ( How the end alwais is alwais,…), potenciando hasta el extremo la machacona repetición durante mas de 8 minutos, con líneas de bajo predominantes y absorbentes, junto a ese sintetizador de Roger o’ Donnell, que ya imperaba en el álbum, como surgido del inframundo.

Los escoceses The Twilight Sad como teloneros estuvieron perfectos, ruidosos como siempre, con un frontman, James Graham, que demostró como se ocupa y se controla un gran escenario, haciendo que los asistentes que iban llegando se interesaran en ellos, y en sus temas. Casi todos los interpretados pertenecientes a su último trabajo que ya data del 2019 “It Won’t Be Like This All the Time”. Repertorio post-punk de manual.

El segundo momento álgido se produjo ya en el final, con el último bis,  con un ataque brutal del rotundo pop acorazado pleno de himnos de los The Cure, es decir, esa versión de la banda que durante años ha generado que el gran público en general se manifieste sin rubor como sus seguidores entusiastas. Nadie puede resistirse, aunque lleves ya más de dos horas de concierto, a:  “Lullaby”, “The Walk”, “Friday I’m in Love”, “Close to Me”, “Inbetween days”, “Just Like Heaven” y “Boy’s Don’t Cry”.

Y es que después del tormento y la oscuridad, siempre llega la felicidad y el éxtasis final, ya que no nos engañemos, la gran mayoría de los asistentes se sintieron por un momento adolescentes cuando antes de marcharse, voz en grito dándolo todo, con una enorme cara de felicidad, pudieron corear: “Hiding the tears in my eyes, cause boys don’t cry, boys don´y cry,…”.