The Big Moon, “Walking Like We Do” (Universal, 2020)

Segundo trabajo del cuarteto londinense

¿Qué ha pasado? Esa es la primera pregunta que se harán los seguidores de The Big Moon al escuchar su segundo trabajo. El grupo londinense se convirtió en una de las esperanzas del nuevo rock británico con su debut, en el que sus guitarras sonaban crudas y ásperas, y convertían sus canciones en potentes himnos de indie-rock. Algo que brilla por su ausencia en este “Walking Like We Do”. Y es que, estas cuatro chicas, han bajado el nivel de intensidad guitarrera al máximo, y le han dado un toque amable a su música que no termina de convencer.

Lo primero que viene a la cabeza escuchando este disco, son las Haim. Parece que el trío angelino ha sido una influencia notable a la hora de componer estas canciones. Pero claro, no es fácil hacer lo que hacen las tres hermanas norteamericanas. Porque, para irse hacia el pop amable y blandito, hay que tener muy buenas canciones. Si no, te quedas en algo bastante descafeinado. Algo que ocurre en varios cortes de este trabajo, como es el caso de las aburridas ‘Dog Eat Dog’ o ‘Waves’, donde juegan a irse hacia un pop épico de lo más insulso. Y ese no es el mayor problema, porque tampoco se les da muy bien irse hacia el rock de los setenta en ‘Holy Roller’, la que, probablemente es la canción más insípida de todo el álbum.

Walking Like We Do” es un disco en el que van dando palos de ciego durante más de cuarenta minutos. Así, deciden que, lo mejor, es empezar con unos buenos coros grandilocuentes (‘It’s Easy Then’), para seguir con un toque bailable (‘Your Light’), o meterse en absurdos terrenos ochenteros (‘Why’). La única que realmente funciona de las tres, es la segunda, en la que si consiguen hacerse con un tema notable a base de hacernos bailar. Aunque también es cierto que le sobran un par de minutos. Y es que, lo que mejor se les da, es irse hacia una pista de baile del pasado, como en ‘Don’t Think’, otro de los pocos temas notables del disco. Además, en su parte final, sacan la furia guitarrera que tanto se echa de menos a lo largo de todo el álbum. En esa tónica un tanto más animada, siguen en ‘Barcelona’, el amable y coqueto tema que le han dedicado a la ciudad condal, y que se deja escuchar bastante bien. Poco más podemos rascar, porque, cuando parecen que van por el buen camino, se ponen excesivas, como el caso de ‘A Hundred Ways To Land’, una canción a la que no le hacen falta todos esos coros finales y esas trompetas tan épicas.

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