Lo realmente terrorífico de The Assistant es que no se centra en la figura de un depredador sexual que se aprovecha de una posición de poder para abusar de todas las mujeres posibles. Porque sería muy sencillo mostrar al monstruo -que evidentemente identificamos con el escándalo de Harvey Wenstein– y encapsular el problema en la figura de un solo individuo, enfermo, malvado, y fuera de la norma. En lugar de eso, la película de Kitty Green -este es el primer trabajo de ficción de esta documentalista, y se nota su experiencia- mantiene al abusador fuera de campo y retrata fríamente el ecosistema que permite que el depredador siga cobrando sus presas impunemente.

Lo verdaderamente incómodo de esta película es que nos dice que todos somos culpables, y nos deja con la sucia sensación de que lo que hemos visto nos podría ocurrir a cualquiera de nosotros y muy probablemente no haríamos nada: intentaríamos ignorarlo, le quitaríamos hierro o directamente, chocaríamos contra el sistema intentando denunciar lo que no son más que sospechas. En el argumento de la película no ocurre prácticamente nada, más que una triste y humillante jornada laboral, pero en el ambiente flota una verdad conocida por todos.

La película -estrenada en Filmin- se sostiene sobre la maravillosa intérprete que es Julia Garner -la conocemos por la serie Ozark que sin hacer nada fuera de lo corriente refleja el horror de las vidas inocentes que se destruyen sin que nadie mueva un dedo. No solo habla The Assistant de delitos sexuales, sino de todo un sistema laboral que permite el abuso de poder y fomenta el individualismo, el sálvese quien pueda, el valorar tanto un puesto de trabajo que seamos capaces de renunciar a nuestros principios.