7.9
Score

Final Verdict

Con 'Green To Gold', The Antlers entran en la madurez de su carrera por la puerta grande. El sexto trabajo de la banda de Brooklyn cautiva por su belleza y su sencillez, que no pueden ser más acogedoras. Pero también por sus canciones, las cuales, en muchos casos, son de las más directas de su carrera.

En estos días de lanzamientos constantes, en los que, ante todo, prima la novedad, dejar pasar siete años entre disco y disco casi es un suicidio. Pero hay veces que las prioridades son otras, y los dos miembros de The Antlers tenían claro que necesitaban un descanso de su proyecto en común –Peter Silberman editó un trabajo en solitario en 2017-. Ahora vuelven con ‘Green To Gold’, el que es su primer disco desde 2014, y una colección de canciones en la que han cambiado un poco su propuesta.

Calificar un disco de acogedor es algo que no suele gustar mucho a los artistas, pero hay veces que es inevitable, y esta es una de ellas. Todo lo que encontramos dentro del sexto álbum de The Antlers, nos transporta a esa portada campestre, a siestas veraniegas, y a noches cálidas en las que las estrellas brillan como nunca. Porque el grupo de Brooklyn ha dado carpetazo a esa introspección e intensidad que les dio a conocer, y se ha decantado por acercarse a un sonido mucho más clásico. Aquí hay una fuerte presencia del piano, de las trompetas, del saxo, y de las guitarras limpias y cálidas. Unos ingredientes con el que han conseguido dar con un sonido que les sienta de maravilla.

Dicen los miembros de The Antlers que la madurez les ha pillado por sorpresa durante estos años, y que ‘Green To Gold’ es el reflejo de esa madurez. Pero lo hacen de una forma positiva y dejando que las canciones suenen más esperanzadoras que derrotistas. Ya desde el principio, con ese vibrante instrumental que abre el álbum, podemos comprobar que han hecho un precioso disco para disfrutar sin prisas. Cortes como “Wheels Roll Home” o “It Is What It Is” cautivan por su belleza. Y sí, son de esos temas que te arropan y te acogen con calidez. Porque, además, nos encontramos ante dos de las canciones más directas y “fáciles” de su carrera. Algo que también ocurre con la emocionante y ensoñadora “Solstice”, y con la más épica “Volunteer”.

Si es cierto que una parte del disco se acerca más a sonidos más post-rock -los últimos Talk Talk siguen siendo una gran referencia para muchas bandas-. Sobre todo por la calma con las que se toman las cosas. No tienen problema en irse a los siete minutos en el tema titular. Y hacen bien, porque su parte final es de las más bonitas del disco. Al igual que tampoco tienen problema en cerrar el álbum con “Equinox”, otro relajado instrumental. El cual, además, cuenta con un canto de grillos que, una vez más, nos transporta ese campo veraniego de la portada.