El rock con sustancia

Transcurrían los 90 y The Afghan Whigs fueron una de esas bandas que a pesar de no acaparar la primera línea de la fama, imprimieron un rock con sello personal al panorama guitarrero. Publicaron discos memorables como ‘Gentlemen’ (1993) o ‘1965’ (1998). Greg Dulli y los suyos se separaron en 2001 con cinco discos en sus espaldas. Por entonces, Dulli inició un nuevo proyecto con The Twilight Singers que le mantuvo ocupado en la década de 2010. Pero The Afghan Whigs volvieron en 2014 con ‘Do the Beast’, continuaron en 2017 con ‘In Spades’, y en este 2022 han publicadoHow Do You Burn?’, con el que recayeron el pasado sábado en Madrid.

Dulli y el sólido cuarteto que le acompañó aportó una descarga de  rock revulsivo y visceral. Compaginando canciones más recientes con clásicos de los 90. Un concierto con músculo, sentimiento y mucha testosterona. Fue una pena que el sonido no acompañara, sonaba todo con un efecto condensado, como una pelota expandida. En los temas menos aguerridos el sonido mejoraba. La banda ofreció un concierto rabioso, desde la descarga inicial y poderosa de “I’ll Make You See God”, el tema con el que arranca su último disco. Todo ello infundido a gran volumen, especialmente cuando sonaban tres guitarras tronando. Uno de los músicos además de tocar la guitarra también apuntalaba el sonido con su violín y teclados. En el Teatro Barceló pude disfrutar en 2017 de un concierto apoteósico de Swans, con buen sonido atronador, aunque no estaba en la mejor ubicación. Y claro que es importante la ubicación. En esta ocasión mi ubicación era algo peor pero igualmente el sonido no hizo justicia a una banda de envergadura que precisa de un sonido contundente y a la vez bien hilado y afinado. El encargado de abrir la noche fue Ed Harcourt con sus canciones (rock con una vertiente folk) generó buenas atmósferas para lo que vino después.

The Afghan Whigs ofrecieron un repaso a los tres últimos discos, con joyas como “Algiers”, canciones robustas como “Matamoros” o “Light as a Feather”, medios tiempos como “Please, Baby, Please”, “Demon in Profile” o “Toy Automatic”; y también un repaso a clásicos como la urgencia de “Somethin’ Hot”, el rock con apuntes soul de “John the Baptist”, la excelsa “Gentlemen”, puro brío y revulsivo, la vibrante “My Enemy” o la épica de “Summer’s Kiss”. Todo ello junto a versiones del clásico de Jesucristo Superstar en clave rock sinfónico de Andrew Lloyd WebberHeaven on their minds”, o el rocanrol de “Who do you love?” de Bo Diddley. Además de una maravillosa versión del “There is a Light That Never Goes Out” de The Smiths, con la que cerraron un concierto poderoso, cargado de momentos vibrantes con cierto regusto histórico, pero agridulce por un sonido irregular.