8.0
Score

Final Verdict

En ‘Call Me Terry’, Terry llevan sus letras políticas y de denuncia a un pop de lo más juguetón en el que hay tintes de lo-fi o de post-punk. Y el resultado no puede ser mejor.

Hoy mismo me he topado con un pequeño debate en una conocida página de nuestro país en la que se hablaba de si la cultura, y en especial, la música, debería ser política o no. Y bueno, partiendo de que la política, y lo que hacen los políticos, afecta diariamente a las personas, creo que la respuesta más acertada es que sí. Sobre todo, cuando uno se encuentra con una banda como Terry. La banda australiana no tiene ningún problema en denunciar lo que ellos creen que nos es correcto. Además, sin cortarse ni un pelo y de la forma más directa posible. Así, en sus letras, vemos como dan cera a buena parte de los políticos de su país, a lideres de iglesias evangelistas, y a los tótems del capitalismo. Luego, cada uno, o una, es libre de quedarse con lo que más le apetezca.

Call Me Terry’ es su cuarto trabajo, y en él siguen mostrando su dualidad a la hora de atacar sus canciones. Porque, por un lado, tenemos esas letras que tratan temas de lo más serios, pero, por el otro, tenemos su música, la cual es juguetona y muy pop. Un buen ejemplo es un tema como “Jane Roe”, donde nos cuentan la historia de Norma McCorvey, la demandante del caso Roe v. Wade, con el que se despenalizó el aborto en Estados Unidos. Una supuesta heroína que, años más tarde, se hizo una ferviente católica gracias a lo que le pagó el lobby católico estadounidense. Y sí, ese juguetón “four five six, nine one one” que aparece en su estribillo, es por los 456,911$ que la pagaron.

Terry es una banda en la que hay miembros de Dick Diver, Total Control o UV Race, lo que hace que su música esté plagada de influencias que en un principio no tienen mucho que ver. Y quizá, por eso, su propuesta tiene tanto encanto. Su pop casa muy bien con mundos más lo-fi e incluso post-punk, y a lo largo del disco nos van demostrando que las melodías no están reñidas con un poco de suciedad o con unas guitarras que casi parecen escacharradas. Ahí tenemos las iniciales “Miracles” y “Centuries”, que atacan ese sonido lo-fi con un ritmo de lo más juguetón. O esa “Gronks” tan sucia, pero, a la vez, tan pop. Aunque eso sí, luego también son capaces de irse a un punk de lo más estridente como el que aparece en “Excuses”.

Es curioso, pero, para ser de Australia, la banda que más me viene a la cabeza cuando escucho este disco es Papas Fritas. Sobre todo, en su faceta más pop. No sé si los norteamericanos serán una influencia para ellos, pero canciones como “Gold Duck” o “Golden Head” cuentan con ese buen rollo que desprendían los de Massachussets. Y eso que en la primera hablan del capitalismo más salvaje y en la segunda nos cuentan una extraña historia sobre una estatua colocada ilegalmente en un pueblo de Melbourne, la cual, fue derribada por unos artistas callejeros. Pero bueno, como ya he dicho antes, la dualidad entre sus letras y su música es una de las grandes bazas de este trabajo.