8.0
Score

Final Verdict

Ambos álbumes, reeditados años ha, que incluso tuvieron en 1997 una edición conjunta, vuelven como se concibieron: en ediciones independientes.

El músico de Texas, pero nacido en Wichita, Kansas, 1943, representa el estándar de gozar de mala reputación, que cuando no afecta a su persona, alcanza a su obra, cosa que pasó con estos álbumes, ahora reeditados, previa remasterización, editados después de su zénit como músico, acontecido en 1979, con “Lubbock (On Everything)”, considerado una obra fundacional de lo que en la actualidad se conoce como americana, aunque muchos siguen llamándolo country.

Dicen quienes conocen a Terry Allen que no era su intención. “Smokin’ the Dummy” (1980) fue destrozado en su día por la crítica, aún queda cierto resquemor, pero con “Bloodlines” (1983) recogió buenas críticas. Para rematar la jugada en 2020, el cronista del este de Texas volvió al ruedo publicando un nuevo trabajo, “Just Like Moby Dick”,su segundo álbum de estudio en más de 20 años. El pianista estaba en forma entonces, y lo sigue estando actualmente. El compositor de 76 años publicaba otro notable disco, en el que la ensalada rítmica de sonidos sureños supone llevar el country hacia nuevos horizontes.

El cantante, que además es escultor y pintor, tiene o tenía algunos asuntos pendientes con la religión, en concreto con la figura de Cristo, que en la bitácora del norteamericano, es poco menos que un forajido, pues la canción cuenta que el mismo Allen lo recoge en la carretera y aquel le muestra un arma y desparece con su coche. Esa es la historia que se narra en “Gimme a Ride to Heaven, Boy”, de “Bloodlines”, que también cuenta con la explícita “There Oughta Be A Law Against Sunny Southern California», uno de los temas emblemáticos de Allen, a ritmo de rock trotón, muy sureño, que habla del viaje de regreso de un forajido a su terruño. El vinilo es el resultado de una intensa mixtura a base de country, rock, folk y, también, de guitaras cruzadas y pianos bluesy.

El rock and roll de guitarras no es ajeno a su obra y menos con el grupo que lo acompaña en “Smokin the Dummy”. Un ejemplo es cómo junta a Jesús con Chuck Berry en “Whatever Happened to Jesus (AndMaybellene)?”, pura ironía. El rock y el country se citan también en “Roll Truck Roll” y “Feelin’ Easy”. Antes tiene un recuerdo para el malogrado guitarrista de Little Feat, Lowell George, en “The Heart of California”. Tal vez sea una coincidencia, pero el doble álbum en directo de los californianos “Waiting for Columbus” (1978), más de cuarenta años después, recibe el trato que no obtuvo en su día, con un mejor sonido en su versión Super Deluxe Edition, una caja que contiene ocho discos, que incluye todos los directos, entonces, en Londres, Manchester y Washington D.C.

Todavía en la actualidad se recuerda que un motivo de las críticas negativas de entonces fue que el material de “Smokin’ the Dummy” estaba descompensado, demasiados altos y bajos; además de su cercanía con su obra cumbre ya citada. Lo cierto es que el rock and roll para un músico que venía del country lo acerca al mejor sonido de toda esa amalgama de ritmos del Sur de Estados Unidos. Nadie mejor que de The Band convirtieron en una síntesis identitaria unas músicas telúricas y dispersas de territorios social y culturalmente olvidados. Desde esta perspectiva, “Smokin’ the Dummy” es un buen trabajo.   

El teclista está tan fuera del radar como otro grande, que también hace de puente entre la canción de autor y una manera muy peculiar de practicar el country, como es Randy Newman, más conocido por su vertiente de compositor de bandas sonoras. Terry Allen está en la misma clase que el Neil Young más rabioso y acústico, como cerca de la melancolía de John Hiatt, y el retrato de personajes de John Prine, el tardío swing prestado de New Orleans de Willie Deville o el imaginario de otro iluminado, Captain Beefhearth. Siempre con las guitarras aceradas y la mirada en el profundo sur, aquel que conecta Texas y Arkansas, en lado opuesto a Lubbock –casa de Buddy Holly–, donde surgió su obra más conocida que se reedita este otoño, además de un documental.     

Ambos álbumes, reeditados años ha, que incluso tuvieron en 1997 una edición conjunta, vuelven como se concibieron: en ediciones independientes. A raíz del interés que suscita la obra de este iconoclasta del country y otras hierbas, trabajos posteriores a los que aquí se comentan, también regresarán a las cubetas de las tiendas de discos, esta vez, remasterizados.