La seducción, que le valió el premio a la mejor dirección en Cannes a Sofia Coppola, es probablemente su película más contenida. De estética cuidada y puesta en escena reposada, no encontraremos en ella más que los movimientos de cámara justos. Los planos, casi pictóricos, juegan con la profundidad de campo obligándonos a mirar bien, porque el montaje contiene relativamente pocos primeros planos. Tampoco hay música en este film minimalista, más que un crescendo que marca los momentos de tensión. Los actores se guardan bien las verdaderas emociones de sus personajes y sus diálogos -escritos por la propia Coppola– apenas dan las pistas justas.