The Voidz son la vía de escape de Julian Casablancas; esa banda con la que puede hacer lo que le da la gana, y donde no tiene la presión que puede tener con un disco de The Strokes. Lo malo es que, estos proyectos paralelos que alivian al artista, muchas veces son un suplicio para el seguidor del mismo. Una buena prueba de esto fue su olvidable álbum de debut, el cual puso al descubierto lo poco interesante que era este proyecto. Ahora, cuatro años después, lo intentan de nuevo con un segundo trabajo en el que están más centrados y en el que hay unos cuantos aciertos. Pero solo unos cuantos, que tampoco estamos ante un gran disco.