Regresar a los orígenes. Suena nostálgico, “películero” y tremendamente manido en el mundo de la música —¿cuántos grupos dicen volver a sus orígenes en su último disco tras, en la mayoría de casos, agotárseles las ideas?—. Sin embargo, y en mi humilde opinión, es la mejor decisión que la buena gente del Primavera Sound ha tenido en mucho tiempo. Apostar por el Primavera Club original, enfocado como festival de grupos emergentes, de aquí y de allá. Presentar propuestas atractivas y diversas que queden —algo más— al margen de hypes. Tomar el pulso a los sonidos más interesantes sin mirar revistas de moda disfrazadas de música. Tres días, cuarenta bandas, cinco salas en pleno centro barcelonés. Esta es nuestra crónica.