En su debut como directora la australiana Jennifer Kent nos lleva de la mano y con acierto hacia territorios oscuros de la mente en una de las películas más terroríficas de los últimos años.

Este cuento maléfico que mantiene la coherencia durante casi la totalidad del metraje pero que desafortunadamente cae en los últimos minutos de la cinta, es un ejemplo de película de género bien realizada que no se queda estancada en el tópico sino que escarba en sus personajes, sobre todo en el papel de Amelia (Essie Davis), madre alterada y aún traumatizada por la violenta muerte de su marido años atrás y al cargo de un pequeño de seis años aterrorizado por la figura de Babadook, un monstruo que le visita en sueños.