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Cine/TV

Échate unas risas en Halloween 

Halloween no es Halloween sin una buena maratón de pelis de terror. Pero el cine de sustos no es para todos. Siempre hay algún estómago débil, una novia que cierra los ojos cuando matan a alguien o ese sobrino que todavía no tiene edad para emociones fuertes. Así que, para los que quieren pasar miedo sin pasar miedo, tengo la lista perfecta, que apela a un género que merece mucho más respeto: la comedia de terror. Para echarse unas risas en Halloween.

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No respires (Fede Álvarez 2016) 

La primera buena -e inquietante- idea que propone No respires, es la de un portarretratos colocado al revés sobre la mesilla de una casa a oscuras. Si la función del género llamado thriller es mantenernos en tensión -también podemos hablar del suspense- esta película cumple sin duda con su cometido. Estamos ante una experiencia cinematográfica que se apoya en constantes giros de guión sorprendentes, pero que, además, van sumiendo la película en la oscuridad, literal y figurada. En sus mejores momentos, el film cruza la finísima línea hacia otro género, ese que intenta directamente asustarnos: el terror. Vamos, que si te atreves a verla, probablemente lo vas a pasar mal.

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Ash vs Evil Dead: del VHS a la TV de pago 

Su nombre es Ash. Fue el héroe de un clásico que vimos en VHS y ahora protagoniza una serie de televisión en una cadena de pago. Cómo ha cambiado la industria del entretenimiento. Todo empezó con Posesión infernal (1981), película de terror no demasiado conocida y desde luego, no apta para todos los públicos. Con todos los requisitos para ser una obra de culto, pero encima, divertida. Se trata de la ópera prima de Sam Raimi, ahora director de superproducciones como las tres primeras películas de Spiderman (2002-2007). Pero en 1981 era colega de los hermanos Coen y no tenía un duro.

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Stranger Things: la nostalgia del friki que nunca fuiste 

Los niños protagonistas de las películas de los 80 nunca eran deportistas, ni los más populares del instituto, ni los novios de la chica más guapa. Eran frikis. Ver a Elliot jugar con figuras de Star Wars en E.T., el extraterrestre (1982) o a Billy leer cómics en Gremlins (1984) era como decir: son de los nuestros. El niño que fui en los años ochenta se sentía instantáneamente identificado con los héroes inadaptados de aquellas historias. Tenían los mismos juguetes que yo, leían los mismos tebeos, y se embarcaban en aventuras imposibles que yo vivía a través de ellos. Los chavales de Stranger Things juegan al rol como yo jugaba a Dungeons & Dragons. Han leído El Hobbit y El Señor de los Anillos. Tienen a Yoda, el Halcón Milenario y a Man-At-Arms de los Masters del Universo. Yo era como ellos.

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Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg 2016) 

En las siguientes líneas voy a acometer la difícil tarea de poner en palabras mi entusiasmo hacia Calle Cloverfield 10. Lo primero que quiero abordar es, sin embargo, el que considero el único defecto del film: su título. La palabra “Cloverfield” convierte a esta película en una secuela o spin-off del film Monstruoso (Matt Reeves, 2008), lo que supone un spoiler gigantesco. De hecho, debe ser la primera vez en la historia del séptimo arte en la que es conveniente ver primero una secuela. Algo tremendamente curioso dada la afición del productor de la cinta, J.J. Abrams, a los misterios: su filosofía de la “caja misteriosa” le ha llevado siempre a preferir los enigmas a las soluciones.