Hasta hace bien poco, asociábamos Night Beds, el proyecto unipersonal del veinteañero Winston Yellen, con el folk introspectivo y con las últimas mutaciones de la música de raíces americanas, todo ello plasmado con gran éxito en su debut discográfico Country sleep (2013). Esas referencias iniciales convierten a este Ivywild en el mayor salto al vacío estilístico que haya dado un artista entre su primer y segundo disco desde que a Terence Trent D´arby le dio por quedarse sin fans con el reivindicable Neither fish nor flesh (1989).