Resulta imposible mencionar Canterbury en una conversación sobre música sin que salga a relucir la rica tradición de rock progresivo establecida en los años 60 gracias a bandas como Soft Machine, Gong y Caravan, entre otras. En sus dos primeros trabajos, los jovenzuelos de Syd Arthur se autoproclamaron dignos herederos de todo aquello que se coció en su región, con un sonido basado en la destreza instrumental y en la astucia compositiva, y con ese ramalazo psicodélico que cabe esperar de quien decide homenajear a Syd Barrett en el nombre de su banda.