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Star Wars: The Mandalorian 

En la raíz de Star Wars (1977) de George Lucas estaba también el western, además de la ciencia ficción, la fantasía, la aventura y el cine bélico. Solo hace falta fijarse en Han Solo (Harrison Ford) antihéroe pícaro y de gatillo fácil, su peludo compañero Chewbacca (Peter Mayhew), moviéndose en la taberna cochambrosa de Moss Eisley; o en el desértico Tatooine, con sus salvajes moradores de las arenas, tan temibles como los apaches de John Ford. El aspecto destartalado -y realista- de la película remite al spaghetti western de Sergio Leone, quien, como Lucas, también se inspiró en los samuráis de Akira Kurosawa.

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Star Wars: Episodio VIII – Los Últimos Jedi – La Fuerza Contraataca 

Mientras los críticos de cine de la vieja escuela duermen la siesta en sus butacas, los millenials graban con sus móviles el crawl de la última de Star Wars para poder decir “yo estuve ahí”. La saga creada por George Lucas en 1977 es probablemente el último gran evento cinematográfico. Un acto comunitario que se resiste al pirateo, a Netflix y al vídeo bajo demanda. La gente sigue haciendo colas en las salas para ver La guerra de las galaxias. Algunos incluso van disfrazados. Pero, sobre todo, la space opera de Lucas ha conseguido saltar por el hiperespacio generacional. Todo el sentido de la nueva trilogía de Disney es, precisamente, pasar el testigo de lo antiguo –Han Solo, Luke y Leia– a una nueva generación de héroes –Poe Dameron, Finn y sobre todo Rey– y también de fans.

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La momia: universo abortado 

La momia es nada menos que la primera piedra de un proyecto que parecía entrañable, el del Dark Universe. La idea es reunir en una sola ficción a los monstruos clásicos de la Universal: Drácula, Frankenstein y su criatura, el hombre lobo, el hombre invisible, la criatura de la laguna negra y hasta el fantasma de la ópera. Un empeño más que apetecible que tiene un precedente obvio en los cócteles de monstruos de los años 40 que produjo la propia Universal –La zíngara y los monstruos (1940)- que también cultivó nuestro Paul NaschyLos monstruos del terror (1970)- sin olvidar la divertida Una pandilla alucinante (1987) o incluso un intento reciente -y fallido- como Van Helsing (Stephen Sommers, 2004).

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Doctor Strange: Magia nueva en el Universo Marvel 

Doctor Strange es justo lo que el Universo Marvel Cinematográfico necesitaba en este momento. Ante la saturación superheroica en las pantallas de cine -y de televisión- la nueva película de Marvel Studios ofrece una obra que es puro entretenimiento, que narra de forma clásica un relato heroico, pero que innova en las soluciones visuales de tal forma que evita la sensación de “esto ya lo hemos visto”. Dirige Scott DerricksonSinister (2012)- una historia que se apoya por enésima vez en el viaje del héroe que descubriera el mitógrafo Joseph Campbell y que George Lucas convirtió en el plano de obra de su Star Wars (1977) y que los hermanos ¿o hermanas? Wachowski aplicaron también en Matrix (1999).

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Creed (Ryan Coogler 2015) 

En 1976, Rocky (John G. Avildsen) devolvía al cine los finales felices. Era como si se anticipara al hedonismo de los años 80 y se despidiera de los deprimentes 70, definidos como “la resaca de los 60” por Mike Milligan (Bokeem Woodbine) en Fargo (2015). Eso sí, el de Rocky era un final feliz pero pegado a la realidad. La victoria del boxeador era aguantar en pie al imbatible Apolo Creed (Carl Wheathers). Convertirse en campeón, era demasiado para esos años 70 post-Vietnam. Un año más tarde llegaría Star Wars (George Lucas, 1977) para cambiar el cine definitivamente. Estamos hablando de películas “honestas”, en el sentido de que cumplían los sueños de sus jóvenes autores. George Lucas nunca imaginó el éxito que tendría su Guerra de las Galaxias y Sylvester Stallone solo quería abrirse paso en Hollywood. Rocky intentaba ser “seria” y ganó el Oscar a la mejor película aquel año. Impensable. Entonces llegaron las secuelas.

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Star Wars: El despertar de la Fuerza (J.J. Abrams, 2015) 

Si habéis ido a verEl despertar de la Fuerza en los primeros días de su estreno, en un cine atestado de gente de todo tipo, con familias enteras disfrazadas como los personajes de la saga, os habréis dado cuenta de no es simplemente una película. Sé que no soy el primero en decirlo, pero Star Wars es un mito moderno. Una historia que ha calado tan profundamente en el inconsciente colectivo que ocupa el mismo lugar que las leyendas y la religión. Con esto no quiero decir que la gente “crea” en la Fuerza, sino que su relación con la historia de Luke Skywalker es mucho más íntima que con el libro de Job de la Biblia. Los mitos no se crearon para vender entradas, camisetas o figuritas. Tienen una función psicológica como metáforas de las etapas de la vida y nos ayudan a superarlas. Y aunque Star Wars vende un montón de entradas, camisetas y figuritas, su estatura mítica es innegable e inigualable. Porque habrá ayudado a más de un niño a hacerse consciente de la muerte de su padre, le habrá enseñado a otro que una galaxia entera no puede separarle de su hermana, nos ha dicho a todos que hay que rebelarse contra el mal, pero empezando por el que anida en nuestro interior.