No es que hubiese un clamor por recuperar a Sleeper, pero aquí están, con un disco de nuevas canciones. Han pasado 22 años desde la rápida autocombustión que les hizo ceder el trocito del pastel del Britpop que les correspondía, poco antes de que la escena derivase hacia otros lares (era el año del “OK Computer” y la cosa estaba a punto de ponerse más seria y melodramática). El caso es que ahora, que de esa escena quedan apenas las cenizas, su indie a base de guitarras saltarinas y estribillos eufóricos es más bienvenido, al menos para aquellos viejóvenes que cada vez tenemos menos esperanzas de estar en sintonía con los DJs de nuestros viejos locales favoritos.