Crítica: Marits i mullers, en La Villarroel
Si el público relaciona con algún medio a Woody Allen, este no es otro, qué duda cabe, que el del cine. Allen es uno de los directores más…
Si el público relaciona con algún medio a Woody Allen, este no es otro, qué duda cabe, que el del cine. Allen es uno de los directores más…
<strong>Josep Mª Pou</strong> desde hace unos años se dedica a dirigir aquellas obras que le gustaría ver a él sin padecer de si estarán de moda y, sobre todo, sin preocuparse si el público en general responderá a su mensaje. Así que <strong>Pou</strong> nos está acostumbrando a un teatro que vuelve a lo esencial del escenario, el texto, la palabra y el silencio. Un teatro clásico y a veces incluso académico que trata de herir la cabeza y las mentes del espectador para que se remuevan sus valores o la falta de ellos.
Si les he de ser sincero una de las propuestas del <strong>Grec</strong> que más me ha interesado este año ha sido <em>George Kaplan</em>, representada en la <strong>Sala Beckett</strong>, una obra de <strong>Frédéric Sonntag</strong> que con un toque juvenil y espontaneo nos habla de la comunicación, de los intentos de comunicar y de las tentativas de apropiarse de la información y retorcerla con el objetivo de favorecer intereses privados. En resumen, una obra inserta inteligentemente en el gran debate que ha generado el desarrollo de la comunicación propiciado por los avances tecnológicos, y la potenciación de los sesgos y filtros que sufre la información “objetiva” que consumimos a diario a través de los medios de comunicación convencionales, internet y de un cada vez mayor número de dispositivos.