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La momia: universo abortado 

La momia es nada menos que la primera piedra de un proyecto que parecía entrañable, el del Dark Universe. La idea es reunir en una sola ficción a los monstruos clásicos de la Universal: Drácula, Frankenstein y su criatura, el hombre lobo, el hombre invisible, la criatura de la laguna negra y hasta el fantasma de la ópera. Un empeño más que apetecible que tiene un precedente obvio en los cócteles de monstruos de los años 40 que produjo la propia Universal –La zíngara y los monstruos (1940)- que también cultivó nuestro Paul NaschyLos monstruos del terror (1970)- sin olvidar la divertida Una pandilla alucinante (1987) o incluso un intento reciente -y fallido- como Van Helsing (Stephen Sommers, 2004).

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Échate unas risas en Halloween 

Halloween no es Halloween sin una buena maratón de pelis de terror. Pero el cine de sustos no es para todos. Siempre hay algún estómago débil, una novia que cierra los ojos cuando matan a alguien o ese sobrino que todavía no tiene edad para emociones fuertes. Así que, para los que quieren pasar miedo sin pasar miedo, tengo la lista perfecta, que apela a un género que merece mucho más respeto: la comedia de terror. Para echarse unas risas en Halloween.

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No respires (Fede Álvarez 2016) 

La primera buena -e inquietante- idea que propone No respires, es la de un portarretratos colocado al revés sobre la mesilla de una casa a oscuras. Si la función del género llamado thriller es mantenernos en tensión -también podemos hablar del suspense- esta película cumple sin duda con su cometido. Estamos ante una experiencia cinematográfica que se apoya en constantes giros de guión sorprendentes, pero que, además, van sumiendo la película en la oscuridad, literal y figurada. En sus mejores momentos, el film cruza la finísima línea hacia otro género, ese que intenta directamente asustarnos: el terror. Vamos, que si te atreves a verla, probablemente lo vas a pasar mal.

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Ash vs Evil Dead: del VHS a la TV de pago 

Su nombre es Ash. Fue el héroe de un clásico que vimos en VHS y ahora protagoniza una serie de televisión en una cadena de pago. Cómo ha cambiado la industria del entretenimiento. Todo empezó con Posesión infernal (1981), película de terror no demasiado conocida y desde luego, no apta para todos los públicos. Con todos los requisitos para ser una obra de culto, pero encima, divertida. Se trata de la ópera prima de Sam Raimi, ahora director de superproducciones como las tres primeras películas de Spiderman (2002-2007). Pero en 1981 era colega de los hermanos Coen y no tenía un duro.

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Stranger Things: la nostalgia del friki que nunca fuiste 

Los niños protagonistas de las películas de los 80 nunca eran deportistas, ni los más populares del instituto, ni los novios de la chica más guapa. Eran frikis. Ver a Elliot jugar con figuras de Star Wars en E.T., el extraterrestre (1982) o a Billy leer cómics en Gremlins (1984) era como decir: son de los nuestros. El niño que fui en los años ochenta se sentía instantáneamente identificado con los héroes inadaptados de aquellas historias. Tenían los mismos juguetes que yo, leían los mismos tebeos, y se embarcaban en aventuras imposibles que yo vivía a través de ellos. Los chavales de Stranger Things juegan al rol como yo jugaba a Dungeons & Dragons. Han leído El Hobbit y El Señor de los Anillos. Tienen a Yoda, el Halcón Milenario y a Man-At-Arms de los Masters del Universo. Yo era como ellos.

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Expediente Warren: El caso Enfield (James Wan 2016) 

En un momento de la casi perfecta Expediente Warren: El caso Enfield, los niños protagonistas se divierten con un juguete precinematográfico, un zootropo que tiene grabada una nana inglesa, There Was a Crooked Man, sobre un espeluznante hombre torcido. Este juguete revela, quizás, la intención del director, James Wan, de que su película sea una síntesis de la historia del cine de terror. En otro momento del film, cobra vida la sombra, proyectada en la pared, de un ser sobrenatural, lo que recuerda al expresionismo silente de Nosferatu (F.W. Murnau, 1922), pero también a las sombras chinescas previas a la invención del séptimo arte. Porque la primera emoción cinematográfica es el terror. ¿Qué sintieron los espectadores en 1895 cuando vieron Llegada del tren a la estación, de los hermanos Lumière? El cine de terror existía incluso antes que el cine: la fantasmagoría, variante de la linterna mágica, consistía en proyectar espectros y diablos para asustar al espectador. Y de eso trata esta película. De fantasmas y demonios. Pero también de cine.

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Calle Cloverfield 10 (Dan Trachtenberg 2016) 

En las siguientes líneas voy a acometer la difícil tarea de poner en palabras mi entusiasmo hacia Calle Cloverfield 10. Lo primero que quiero abordar es, sin embargo, el que considero el único defecto del film: su título. La palabra “Cloverfield” convierte a esta película en una secuela o spin-off del film Monstruoso (Matt Reeves, 2008), lo que supone un spoiler gigantesco. De hecho, debe ser la primera vez en la historia del séptimo arte en la que es conveniente ver primero una secuela. Algo tremendamente curioso dada la afición del productor de la cinta, J.J. Abrams, a los misterios: su filosofía de la “caja misteriosa” le ha llevado siempre a preferir los enigmas a las soluciones.

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Las mejores películas y series de 2015 

Cada año emprendemos la difícil tarea de elegir la mejor película, la mejor serie. Vaya por delante la aclaración de que el criterio aquí expuesto es -obviamente- subjetivo, limitado e incompleto. Es imposible ver todas las películas -ni siquiera solo las buenas- y mucho menos las series, absolutamente inabarcables. Espero vuestras propias propuestas en los comentarios.

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Star Wars: El despertar de la Fuerza (J.J. Abrams, 2015) 

Si habéis ido a verEl despertar de la Fuerza en los primeros días de su estreno, en un cine atestado de gente de todo tipo, con familias enteras disfrazadas como los personajes de la saga, os habréis dado cuenta de no es simplemente una película. Sé que no soy el primero en decirlo, pero Star Wars es un mito moderno. Una historia que ha calado tan profundamente en el inconsciente colectivo que ocupa el mismo lugar que las leyendas y la religión. Con esto no quiero decir que la gente “crea” en la Fuerza, sino que su relación con la historia de Luke Skywalker es mucho más íntima que con el libro de Job de la Biblia. Los mitos no se crearon para vender entradas, camisetas o figuritas. Tienen una función psicológica como metáforas de las etapas de la vida y nos ayudan a superarlas. Y aunque Star Wars vende un montón de entradas, camisetas y figuritas, su estatura mítica es innegable e inigualable. Porque habrá ayudado a más de un niño a hacerse consciente de la muerte de su padre, le habrá enseñado a otro que una galaxia entera no puede separarle de su hermana, nos ha dicho a todos que hay que rebelarse contra el mal, pero empezando por el que anida en nuestro interior.