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Cine/TV

The Leftovers: Creer o no creer, esa es la cuestión 

Se despide The Leftovers, la serie creada por Damon Lindeloff y Tom Perrotta -autor de la novela original- cuya premisa es la desaparición de un 2% de la población mundial. Un planteamiento que llevaría implícita la promesa de despejar la incógnita de a dónde ha ido toda esa gente. Pero seamos inteligentes. No caigamos de nuevo en el síndrome del final de Perdidos (2004-2010). El título de esta ficción da pistas de que esto va de los que se han quedado, no de los que han partido. Vayamos más allá: la ausencia inexplicable de seres queridos, familiares y amigos es una mera excusa argumental para situar a los personajes en un estado emocional concreto, en una angustia existencial que se traduce en una crisis de fe o en la necesidad de buscar consuelo en lo sobrenatural.

Libros

Padre & hijo, Larry Brown (Dirty Works, 2016) 

Hoy, retornos, anhelados e indeseables, y círculos que se cierran, para bien y para mal. Hoy regresa Larry Brown a Indienauta con Padre & hijo, una novela tan abrasiva que parece mentira que las páginas no se deshagan. Y también una obra que tiene algo de «ciclo completado», en parte por las fechas en las que estamos. Pero, sobre todo, porque marca un año y medio disfrutando de las publicaciones de Dirty Works, una de las singladuras editoriales más fulgurantes y adictivas que jamás se hayan aventurado por el angosto panorama nacional. El séptimo trabajo sucio de una aventura que comenzó —precisamente— con Larry Brown. Y que se abre con un emocionante y sentido prólogo de «otro Dirty», Mark Richards. Amigos y cómplices de una manera de entender la literatura que —qué diablos, voy a usar la palabra tabú— devuelve al término «auténtico» su verdadero significado. TODO encaja.

Libros

Perros de paja, Gordon Williams (Mármara, 2015) 

Todavía recuerdo la noche que mi padre me hizo ver Perros de paja. Ese auténtico terror ante lo que sucedía ante mis ojos. Ese disgusto y ganas de mirar hacia otro lado en esa escena terrible, atroz, interminable —ya sabéis cuál—. La repugnancia absoluta ante cada uno de los personajes, ante esa espiral de violencia y locura visceral. Recuerdo gritarle a mi padre por qué me estaba haciendo ver eso. Que la película de Sam Peckinpah era horrible. Pero cuando Dustin Hoffman arranca el coche con esa mirada flotando en la más remota galaxia, no solo el estómago me daba vueltas. La cabeza iba a mil por hora. Pocos films se han atrevido a explorar el abismo más insondable de los seres humanos con esa valentía y fuerza. Sé que ha habido un remake bastante reciente, pero creo que no vale la pena ni mencionarlo —Hollywood nunca aprende—…